Feist – “Pleasures”

Feist y su Pleasures: la prueba fehaciente, por fin, de su gran talento

 

Leslie Feist, más conocida como Feist a secas, puede gustar más o menos, pero nunca decepciona. Y esto es porque no sale de su estilo, acertadamente; no experimenta más de lo necesario, crea la música que sabe que sus seguidores adoran y lo hace bastante bien. Sus canciones, a medio camino entre el pop, el metal y el grunge, pasto de banda sonora de película indie, pueden sonar parecidas unas a otras, pero nunca son iguales. Ahí reside el encanto de Feist.

La primera vez que escuché algo suyo fue en la película (ya casi de culto) 500 Days of Summer, donde su canción Mushaboom protagoniza uno de los momentos más icónicos. Posteriormente su música ha salido en producciones como Girls, la creación de Lena Dunham. Y ahora, con su quinto álbum de estudio, lanzado este pasado 28 de abril y de nombre Pleasures, vuelve después de siete años de silencio.

Pese a no salirse de su estilo, este disco me suena bastante distinto al último, Metals, lanzado en 2011. Dicho de otra forma, me gusta más; temas como I Wish I Didn´t Miss You se encargan de ello con una vuelta a sus orígenes, sí, pero también con una mejora notable. Quizás la música de este último trabajo es más melancólica y menos chute de energía, pero eso no siempre es malo; por ejemplo, la fantástica A Man Is Not His Song puede ser una de sus mejores canciones hasta la fecha.

Y aquí viene el plato fuerte: Feist incluye en este trabajo un tema con Jarvis Cocker. Sí, el mismo, el frontman de Pulp, ese grupo menos conocido pero significativo del brit pop. Como fan acérrima del grupo, podréis comprender que esto me haga muy feliz.

Colaboraciones aparte, Feist ha sacado un trabajo redondo, donde las letras importan tanto como la música en sus creaciones. Puede parecer algo de perogrullo cuando hablamos de música, pero todos sabemos que no siempre es así, que últimamente se observa una tendencia a experimentar mucho con los sonidos y descuidar las letras de las canciones. Quizá no es un gran mérito viniendo de una cantautora canadiense, pero sí de alguien que también se permite cierta experimentación en sus melodías.

En definitiva, es no sólo una gran continuación de su carrera, sino, a mi parecer, un salto hacia delante. Sus dos últimos discos me habían dejado indiferente y este ha conseguido que lo escuche en bucle y que cada canción me parezca distinta.

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