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Crónica Azkena Rock Festival 2026

Hay festivales que viven pendientes de modas y otros que simplemente siguen haciendo las cosas bien, aunando grandes leyendas que son los artistas que más has escuchado de tu vida y grandes bandas actuales de una calidad inmensa. El Azkena Rock Festival pertenece, afortunadamente, al segundo grupo. En Mendizabala se sigue respirando algo importante, como es el amor por la música. Y la edición de 2026 del pasado 18 a 20 de junio en Vitoria ha vuelto a demostrar que el Azkena Rock no necesita reinventarse porque nunca ha dejado de ser fiel a sí mismo.

Durante tres días, Vitoria volvió a convertirse en el refugio perfecto para quienes todavía creen en el riff. El ambiente fue, como siempre, una de las grandes victorias del festival. Público viniendo de distintas partes para disfrutar de grandes conciertos, ya que en el Azkena pocos conciertos de bien encontraras, todos rayan el notable o el sobresaliente (con alguna matrícula de honor).

Empezamos el festival el jueves a primera hora con los vascos Nhil, rock con cadencia soul con un sonido espectacular, para seguir con el gran Robert Finley, figura del Soul y el blues que cumplio con la máxima del “nunca e tarde” editando su primer disco a los 62 años. Uno de los mejores conciertos del día, canciones como “Souled Out On You” te hace pensar en estar ante un Marvin Gaye actual. Siguieron los holandeses Dewolff con un rock clásico de toque setentero, 100% azkena.

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Foto: Azkena Rock Festival

Otra de las grandes alegrías del día llegó de la mano de Imelda May. Recuperando su faceta más rockera y acompañada por una banda espectacular, con el siempre brillante Darrel Higham a la guitarra, la irlandesa ofreció una exhibición de rockabilly con mayúsculas. Su voz continúa siendo una maravilla y su presencia escénica mantiene intacto ese equilibrio entre elegancia y descaro que siempre la ha caracterizado. Rock and roll clásico por los cuatro costados.

De ahí pasamos al rock más pesado de Corrosion of Conformity y los grandes cabezas del día The Hives, en uno de los conciertos más celebrados. The Hives han conseguido sacar dos grandes discos en los tres últimos años después de llevar una sequía de más de 15 años sin publicar un álbum. Las nuevas canciones, se entremezclan bien con los grandes clásicos de la banda.

El broche perfecto lo pusieron The Adicts, que transformaron Mendizabala en una enorme fiesta punk. Monkey sigue siendo un frontman absolutamente inagotable, repartiendo confeti, sonrisas y energía durante todo el concierto mientras la banda iba enlazando himnos sin apenas dar tiempo a recuperar el aliento. Sin esperar mucho de la banda, hay que reconocer que pocas formaciones capaces de transmitir tanta felicidad encima de un escenario. Mientras otros entienden el punk desde la rabia, The Adicts siempre lo han entendido desde la celebración.

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Foto: Azkena Rock Festival

El viernes comenzó en los clásicos conciertos de la virgen blanca con Bywater Call marcándose un concierto soberbio, soul con un tremendo vozarron al frente y todo lo necesario para comenzar el día con una felicidad y buen rollo absolutos.

Durante el día llovió, haciendo que algunos de los conciertos del tercer escenario se retrasaran, pero sin llegar a haber ningún tipo de cancelación. Ya en Mendizabala, dio la bienvenida The Del Fuegos, seguidos por un clásico del rock español como son Los Enemigos y unos Hällas de flipar.

Los suecos demostraron que todavía es posible sonar originales mirando al pasado. Su mezcla de hard rock setentero, rock progresivo y fantasía épica creó una atmósfera completamente distinta a la del resto del cartel. Puede que no congregaran a la mayor multitud del festival, pero quienes decidieron acercarse descubrieron una de esas bandas llamadas a convertirse en grupo de culto. Musicalmente impecables, con un sonido enorme y una personalidad arrolladora, dejaron claro que el futuro también tiene espacio en un festival donde las leyendas conviven con nuevas propuestas.

Del tercer escenario, nos dirigimos a Old Crow Medicine Show, uno de los conciertos más divertidos del festival, llevando el country al Azkena de una forma memorable. Todo esto mientras en el otro escenario tenías a Circle Jerks metiendo pildorazos a saco de uno o dos minutos, con el gran Keith Morris al frente a sus ya 70 años.

En el escenario GOD aparecía el regreso de Sugar, la banda de Bob Mould tras la disolución de Hüsker Dü. Sugar siempre han sido uno de los grandes referentes del power pop, y no dejaron duda ninguna de su estado de forma con un concierto sobresaliente, siendo uno de los principales motivos para viajar este año a Vitoria.

Tras Sugar, salimos hacia el tercer escenario para ver una de las grandes bandas actuales, Tropical Fuck Storm. La banda australiana son una rara avis del rock, sonando muy experimental y alejados del rock más convencional, creando una atmosfera fuera de lo habitual.

De vuelta al escenario principal para ver al gran cabeza de cartel, Alice Cooper. A estas alturas podría vivir exclusivamente de su nombre, pero el veterano artista sigue empeñado en ofrecer uno de los mejores espectáculos del rock mundial. Guillotinas, teatro, humor macabro, personajes imposibles y una puesta en escena que continúa funcionando como un reloj, pero lo realmente importante es que detrás de todo ese despliegue siguen existiendo canciones inmortales. No More Mr. Nice Guy, Poison, Feed my Frankenstein o el inevitable School’s Out siguen sonando gigantescas y Cooper continúa ejerciendo como uno de los grandes maestros del entretenimiento.

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Foto: Azkena Rock Festival 2026

El día finalizó con el metal de Voivod y con otra leyenda como Evaristo (en este caso nacional), tocando temas de La Polla Records o Gatillazo.

El sábado, si hubo un protagonista, ese fue Jason Isbell, concierto de matrícula de honor. Lo suyo fue una auténtica lección de clase, sensibilidad y talento. Sin necesidad de grandes artificios, Isbell conquistó al público apoyado en un cancionero extraordinario y en una banda sencillamente impecable. Cada guitarra encontraba su espacio, cada silencio tenía sentido y cada canción era recibida con el respeto que merece uno de los mejores compositores estadounidenses de las últimas décadas. Sin ser el mayor cabeza de cartel, logró dejar la huella más profunda en quienes estuvieron delante del escenario.

Muy diferente, aunque igual de emocionante, fue el regreso de Social Distortion. Mike Ness sigue siendo uno de esos personajes irrepetibles que parecen haber nacido para vivir sobre un escenario. Su voz castigada por los años aporta todavía más verdad a unas canciones que hablan de supervivencia, de carreteras interminables, de derrotas y de seguir caminando cuando todo parece ponerse en contra. La banda sonó compacta, poderosa y elegante, repasando una colección de clásicos que demostraron por qué siguen siendo una referencia absoluta del punk rock americano. No necesitan correr ni demostrar nada; simplemente salen, enchufan los amplificadores y recuerdan a todos cómo se hace esto.

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Foto: Azkena Rock Festival

Antes de todo esto, abrimos el día en la Virgen Blanca con Backyard Casanovas con su rock sixties, haciendo las delicias de todos los ciudadanos de a pie que pasaban cerca de la plaza. En el recinto a la gran bienvenida de Vandoliers, se sumo un concierto bestial de Superchunk. El mejor concierto que he visto de la banda de Carolina del Norte, lo vi ese sábado del Azkena, tocando mejor y más Rock que nunca, ya que para brillar en este festival tienes que dar un concierto de Champions.

Por otra parte la propuesta de Sleaford Mods, a la vez que disfrutable no llegó a conectar con todo el público del festival, quizás por lo arriesgado que es llevar a un grupo Rap a un festival Rock.

Más tarde y después del mastodóntico concierto de Jason Isbell & The 400 Unit, gran parte del público salió disparado a comprar camisetas de la banda o el abono para el año que viene, el cual será el 25 aniversario del festival. Mientras aún quedaba la tralla electrónica Rock de Carpenter Brut, y la banda de moda del indie rock nacional Alcalá Norte, solapados con unos clásicos de culto como Therapy?

El festival mantiene intacta esa personalidad que lo diferencia del resto. No necesita inflar carteles con nombres de moda ni perseguir tendencias pasajeras. Sigue apostando por la calidad, por el riesgo y por el rock en todas sus formas.

Una vez más, el Azkena nos recordó que el rock no está muerto. Ni mucho menos. Sigue vivo cada vez que un artista como Jason Isbell emociona, cuando Social Distortion convierten las cicatrices en canciones, cuando Imelda May devuelve el rockabilly a primera línea, cuando Hällas sorprenden, cuando Alice Cooper demuestra que el espectáculo también puede tener alma y cuando The Adicts consiguen que miles de personas sonrían al mismo tiempo.

El único pero que se le pudo poner este año quizás haya sido la perdida de las sesiones Djs hasta las tantas, pero quizás esta decisión viene porque la cantidad de gente que se queda hasta el final no es suficiente y por ello se ha prescindido este año de los Djs.

Mientras siga existiendo un fin de semana como este en Mendizabala, seguiremos teniendo un lugar al que llamar hogar, el Azkena Rock Festival sigue siendo el mejor festival urbano de la península un año más. Calidad en la programación, comodidad de recinto y una ciudad que se entrega siempre al festival.

Texto: Ramón Bravo Martín