The Horrors – “V”

Los de Southend-on-Sea, Essex, Inglaterra, encabezados por su carismático líder, Faris Badwan, están de vuelta y lo hacen con su quinto álbum, al que han denominado “V”, en número romano. Quizás alguien pueda pensar que no se han roto mucho el tarro con el nombre del disco y que con su contenido ha ocurrido igual. ¿Lo han hecho para despistar? Es algo que llevan haciendo desde que se dieron a conocer con ese nombre de grupo, que tiene de todo menos horrores.

El disco se ha grabado en Church Studios de Londres, con el productor Paul Epworth (que también ha colaborado con artistas de la talla de U2, Coldplay, Florence and the Machine o Adele, entre otros). La portada del disco es obra del artista Erik Ferguson, que ha diseñado con cera, ¿plastilina?, las caras de todos los componentes del grupo y las ha juntado, con un toque húmedo, viscoso.

El propio grupo lo califica de un disco diferente, arriesgado, con respecto a sus antecesores, en el que han querido seguir los principios de uno de sus referentes, David Bowie, no quedándose quietos, no ser estáticos, evolucionar y divertirse.

El disco comienza con el tema “Hologram”, con ritmo lento, perezoso, contundente, con estribillo repetido, que va a más, como desperezándose, con grandes guitarras, donde destaca el bajo distorsionado, con toque futurista, al más puro estilo Blade Runner. Le sigue “Press Enter To Exit”, os aconsejo que no presionéis enter y os vayáis, quedaros porque estamos ante uno de los hits del disco. Tema con toque funky, con ritmo, psicodélico, pegadizo y que recuerda a Ian Brown.

Continúa con “Machine”, con sonido industrial, oscuro, con toques de Depeche Mode, a los que han teloneado este verano. El cuarto tema del disco es “Ghost”, un freno en cuanto a los dos temas anteriores, más lento, donde predomina el sintentizador, hasta la mitad, que estalla una escalera musical de guitarras distorsionadas, que parecen llevarte hasta el infinito.

Con “Point Of No Reply”, vuelven a cambiar de registro, sonido más limpio, pop, bailable, con un ligerísimo toque de distorsión al final. Una especie de lucha contra los elementos. En “Weighed Down”, recuerda a David Bowie, donde lo que predomina es la voz de Faris y el estribillo, un canto al predominio del amor sobre las oscuridades. El siguiente tema, “Ghatering”, es uno de los más bellos del disco. Balada, melódica, con guitarra acústica, donde la voz dulce de Faris y el punteo guitarrero eriza la piel.

Con “World Below”, vuelven a un ritmo ochentero marcado por los sintetizadores para terminar con fuertes guitarras. En “It’s A Good Life”, con ritmo más lento, enaltecen las virtudes de la vida y viceversa, si la desaprovechas, con teclados de funeral, apagándose poco a poco, hasta la muerte. Y para terminar, la guinda del pastel, “Something To Remember Me By”, un tema bailable, discotequero, al más puro estilo New Order o Pet Shop Boys, muy pegadizo, en el que hacen una crítica a la industria musical en su vídeo, donde aparecen como ratas de laboratorio, analizándose a ellos mismos, para después aprovecharse de ellos.

Posiblemente uno de los discos del año, con 10 temas diferentes, innovadores, una apuesta valiente que les ha salido mejor que bien.

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