Biznaga – “Sentido del Espectáculo”

Descubrimos a Biznaga con su primer largo, el sobresaliente ‘Centro Dramático Nacional’, del que nos sorprendió que una propuesta tan punk hubiera alcanzado relevancia en el circuito indie/alternativo. Un par de presentaciones en directo nos convencieron del gran potencial de la banda. Ahora lo reafirman con su nuevo trabajo, ‘Sentido del espectáculo’, una patada en la boca muy necesaria en los tiempos que corren. Estos 11 temas son igual de punkis que los anteriores, pero se percibe una evolución poética en las letras, que respiran realismo sucio por todos lados. Biznaga son herederos del rock radical vasco a la par que de poetas como Roger Wolfe y Bukowski.

Los dos primeros temas son para enmarcar. ‘Mediocridad y confort’, al más puro estilo del 77, va ganando con cada escucha. La alienación humana, la idiotez del público y el control sobre las masas condensados en tres minutos y medio. Y después, ‘Una ciudad cualquiera’, seguramente la cumbre de todo el disco, un himno en toda regla que nos hace volver atrás en el tiempo y nos retrotrae a los últimos discos de Kortatu o a los mismísimos Clash. Proust debió sentir algo así cuando se comió aquella magdalena.

En el tercer corte, ‘Nigredo’, el álbum cambia de tercio y se vuelve más oscuro. Recuerda a los Eskorbuto de ‘Os engañan’ pero con algo más de virtuosismo y una letra muy chula que habla de “putrefacción” y “cicatrices como zanjas”. ‘Jóvenes ocultos’ sigue la línea sombría de la anterior. Aquí entra claramente el aire flamenco característico de la banda, con castañuelas y todo. “A la altura de Gran Vía, epifanías”, dice. Estamos ante uno de los mejores temas de ‘Sentido del espectáculo’, que culmina muy arriba con los agónicos gritos finales de “hay maneras muy distintas de buscarse uno la ruina”.

Los dos siguientes temas son más convencionales, un corto ‘Héroes del no’ y un ‘A tumba abierta’ parecido a temas del primer LP de la banda como ‘Cul de sac’ o ‘Mala sangre’. A continuación, encontramos ‘Los cachorros’, otro himno generacional sobre la rebeldía que podría ser propio de película kinki de los 80. “No arrugan el morro, tienen el don de la voracidad”. Rompe totalmente el esquema ‘Una nueva época del terror’, la más corta del disco, un repaso de un minuto a siglos de violencia, una especie de oda a la barbaridad. “Al estilo jacobino, no hay belleza en lo tibio”.

Aunque pueda parecer difícil, las tres últimas canciones se vuelven todavía más oscuras. Da gusto escuchar ‘Arte bruto’, que estalla en un grandísimo estribillo con el bajo a tope. ‘Oficio de tinieblas’ es la más flamenca, con esas baterías sincopadas tan adictivas. ‘Sentido del espectáculo’ concluye con ‘El mal de aurora’, un certero broche final sobre vidas en decadencia que resume a la perfección el espíritu de un álbum que no para de ganar con el paso de las escuchas. Disfrútenlo.

Texto: Miguel Aizpuru

Foto: Íñigo de Amescua

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