Festivales

Crónica Motocultor 2026: desde las profundidades

Hay lugares donde uno va a buscar monstruos marinos y cazarlos para su particular colección. Eso es exactamente lo que he ido a realizar a Carhaix este agosto. Quería enfrentarme al ser más temible que el Motocultor 2026 tenía en mente soltar para desplegar todo su poder. Si algo nos enseñó el festival es que quizá no haga falta adentrarse demasiado en el océano para encontrarlos. Basta con acercarse a Bretaña a mediados del que dicen es el mes más importante del año, cuando el calor aprieta sobre la pradera de Kerampuilh, levantar la vista hacia el cielo y esperar. Este año estábamos advertidos, un gigantesco cangrejo había emergido de las profundidades. Una criatura de dimensiones lovecraftianas que parecía haber salido de algún abismo donde el Sol jamás llega y que, durante cuatro días, iba a intentar recuperar el territorio que nosotros, pobres criaturas terrestres, habíamos decidido invadir. Había que hacerle frente y contaba con la ayuda de 110 bandas, cuatro escenarios y decenas de miles de personas dispuestas a responder con amplificadores, doble bombo, melodías contundentes de guitarra y golpes de melenas ondeando al viento. Nuestra historia, sin embargo, comenzó un día antes.

cartel motocultor 2026

Carhaix nos recibió el miércoles con una imagen difícil de olvidar. La plaza estaba llena de gente llegada para el festival y el ambiente tenía todavía algo de víspera, de prólogo. Aún no había comenzado oficialmente la batalla en Kerampuilh, pero el pueblo ya respiraba Motocultor. Entonces ocurrió algo que parecía escrito por el mismísimo Lovecraft. El Sol comenzó a desaparecer. La Luna fue mordiendo lentamente su superficie hasta cubrir aproximadamente el 95,5 % del disco solar en Bretaña. Nosotros lo contemplábamos desde la plaza principal mientras una banda de versiones de Queen ponía música al acontecimiento. La escena era sencillamente surrealista. Un clon de Freddie Mercury sonando mientras el día se convertía poco a poco en una especie de crepúsculo artificial. La gente con sus gafas de eclipse. Las conversaciones apagándose por momentos. El cielo perdiendo luz. Frente a mí un pueblo entero preparándose para cuatro días de metal. El Motocultor todavía no había comenzado y ya parecía que algo procedente de otro mundo estaba intentando abrir una puerta.

 

Jueves

El jueves amaneció con calor. No aquel calor infernal que recordamos de HellFest (Crónica – Parte 1 y Parte 2), pero sí suficiente para recordarnos que cuatro días de metal bajo el sol no iban a ser precisamente una excursión marítima. Había que hidratarse y buscar sombra. Los primeros en salir de las profundidades fueron Battlesnake. Los australianos llegaron vestidos como si hubieran decidido que el heavy metal clásico necesitaba una dosis adicional de exceso, actitud y espectáculo. Todo ello en calzoncillos. Su propuesta bebe directamente del hard rock y el heavy ochentero, pero lo lleva todo al terreno del entretenimiento descarado, con muchos toques de doom. Era como si una criatura marina hubiera aprendido a tocar la guitarra viendo demasiado glam metal.

Después llegó Pilori, y la atmósfera cambió completamente. Desde Rouen, su mezcla de crust, black metal, death, grindcore y hardcore caótico es mucho menos amable. Su sonido es abrasivo, oscuro y violento, una masa que parece avanzar sin dejar demasiado espacio para respirar. Su tercer álbum, Sans Adieu, había llegado precisamente en 2026, coincidiendo con su décimo aniversario. Parecían haber salido al escenario para recordarnos que las profundidades también están llenas de cosas desagradables.

El monstruo decidió ponerse grande con la salida de Godsmack. Los estadounidenses llegaron con una colección de clásicos reconocibles, desde “When Legends Rise” y “Straight Out of Line” hasta “Awake”, “Cryin’ Like a Bitch!!”, “Keep Away”, “Bulletproof” e “I Stand Alone”. Como no podía faltar, Sully Erna volvió a convertir la batería en parte del espectáculo con su duelo percusivo. Metal de estadio. Grande, directo y eficaz. No muy físico y por momentos aburrido, sobre todo si como yo no eres fan de la formación.

 

battlesnake motocultor 2026
Battlesnake

 

pilori motocultor 2026
Pilori

 

Godsmack motocultor 2026
Godsmack

 

Amenra representaba la oscuridad. El escenario se convirtió en un lugar casi ritual. Las guitarras comenzaron a construir muros de sonido mientras la voz de Colin H. Van Eeckhout parecía llegar desde algún punto mucho más profundo que el propio escenario. No necesitan correr, tampoco demostrar nada. Su música crece lentamente, como una marea negra que termina cubriéndolo todo.

Aparece en escena Primus y ya no sabíamos si estábamos ante un festival de metal o ante una expedición científica. Son otra cosa distinta a todo el cartel. Les Claypool convierte el bajo en protagonista absoluto y la música parece desafiar continuamente las leyes de la lógica. Riffs retorcidos, ritmos imposibles, humor, virtuosismo y una personalidad que no se parece a la de nadie. Fue uno de esos conciertos en los que uno deja de preguntarse por qué algo funciona y simplemente disfruta de que exista. Mención especial a la versión de Holy Diver de Dio, con Mark Osegueda de Death Angel a las voces. No, no tocaron la intro de South Park.

Cuando parecía que la jornada ya había recorrido todos los territorios posibles, Municipal Waste decidió incendiar la pradera, en la que ya poco verde quedaba. Thrash crossover, o lo que es lo mismo; velocidad, pogos descontrolados, circle pits con dimensiones exageradas y mucha, mucha cerveza directa a la garganta y encima de todos los asistentes. Es una sensación colectiva de que la única manera razonable de terminar el día era destruir las piernas que todavía nos quedaban. El jueves había dejado claro que el cangrejo no iba a tenerlo fácil.

 

Amenra motocultor 2026
Amenra

 

Primus motocultor 2026
Primus

 

Municipal Waste motocultor 2026
Municipal Waste

 

Viernes

El viernes fue probablemente el día en el que más claramente sentimos que habíamos descendido varios niveles bajo el agua. La programación era oscura, densa y, en algunos momentos, directamente infernal. Pero antes de llegar a los monstruos mayores, apareció Stille Volk. Folclore, instrumentos tradicionales, imaginario medieval y una atmósfera que parecía proceder de un bosque mucho más antiguo que nosotros. El Motocultor siempre ha tenido espacio para estas anomalías que tanto agradecemos. Eso es precisamente lo que hace que el festival resulte tan especial. Puedes pasar de una banda extrema a una propuesta que parece haber salido de una taberna medieval sin que nadie levante una ceja en señal de extrañeza.

Iotunn nos llevó al espacio. Su metal progresivo tiene una dimensión casi cósmica, con guitarras expansivas y una voz capaz de pasar de la épica al abismo. No era casual que el festival los colocase en una jornada tan cargada de propuestas atmosféricas. Su directo destaca esa capacidad para construir un auténtico muro de sonido y un espectáculo de luces casi cinematográfico.

De las estrellas pasamos a los dioses antiguos con Hrafngrímr. La banda francesa bebe de la mitología y la música nórdica para construir una propuesta que parece una ceremonia. Tambores, instrumentos tradicionales, electrónica y voces que crean una atmósfera que no busca simplemente sonar antigua, busca transportar al público a otro lugar. Para entonces empezaba a sospechar que el cangrejo no era el único habitante sobrenatural del festival.

 

Stille Volk motocultor 2026
Stille Volk

 

Iotunn motocultor 2026
Iotunn

 

Hrafngrímr motocultor 2026
Hrafngrímr

 

Textures volvieron a cambiar las reglas. Los neerlandeses regresaban con Genotype, su nuevo disco de 2026, y su metal progresivo sonó técnico, preciso y expansivo. En su repertorio aparecieron “New Horizons”, “Reaching Home”, “Awake” y “Laments of an Icarus”.

Entonces apareció una criatura mucho más teatral: Lord of the Lost. Chris Harms y compañía convirtieron el escenario en una mezcla de metal gótico, industrial, electrónica y espectáculo. La estética negra, la teatralidad y esa capacidad de convertir un concierto de metal en algo casi cabaretero funcionaron especialmente bien. Harms no dejó de moverse por el escenario y consiguió que incluso apareciera un circle pit en mitad de aquella oscuridad industrial.

 

Textures motocultor 2026
Textures

 

Lord of the Lost motocultor 2026
Lord of the Lost

 

Con Soen el festival volvió a respirar. Su metal progresivo, mucho más atmosférico, permitió que las emociones ocuparan el espacio que hasta entonces habían ocupado la violencia y la velocidad. Entonces llegó una de las criaturas que llevaban más tiempo habitando estas aguas en forma de Paradise Lost. Oscuros, pesados y melancólicos. Su presencia era casi una clase de historia del metal gótico y doom. El abismo todavía tenía hambre y para saciar ese hambre llegaron Slaughter to Prevail. Aparecieron con las máscaras, los músculos y el deathcore dispuesto a convertir el prado en una zona de guerra. Alex Terrible hizo exactamente lo que se esperaba de él. Pidió más violencia, más movimiento y más cuerpos en el aire. El wall of death llegó, aunque el tamaño no alcanzó las dimensiones del que habían provocado en HellFest.

 

SOEN motocultor 2026
SOEN

 

Paradise Lost motocultor 2026
Paradise Lost

 

Slaughter to Prevail motocultor 2026
Slaughter to Prevail

 

La noche, sin embargo, todavía tenía otra cara. Alcest. El shoegaze se convirtió en paisaje. Las guitarras adquirieron una dimensión casi onírica y el escenario se transformó en una puerta hacia otro mundo. Después de toda la violencia del día fueron la calma extraña que aparece en mitad de una tormenta. Aunque me sentía bastante juguetón y decidí darle caña al cuerpo con Darkened Nocturn Slaughtercult. No estábamos en ningún cuento de hadas. Black metal, sangre e infierno. Con Onielar al frente, envuelta en una estética que parecía diseñada para invocar algo que hubiera sido mejor dejar dormido. El viernes terminó como debía, en plena oscuridad.

 

Alcest motocultor 2026
Alcest

 

Darkened Nocturn Slaughtercult motocultor 2026
Darkened Nocturn Slaughtercult

 

Sábado

Amaneció y el cuerpo empezaba a notar los efectos de la expedición, pero el Motocultor tenía todavía demasiadas criaturas esperando. La primera que nos llamó la atención fue Hollow Jan. Desde Corea del Sur llegó una mezcla de screamo y post-rock descrita por la propia organización como una propuesta “heroica” y emocional, capaz de pasar de la delicadeza a la furia en cuestión de segundos. Una música para tener la cabeza en las nubes mientras el resto del cuerpo sigue atrapado en la tierra. Orden Ogan, con su power metal oscuro, melódico y épico subió al Main Stage. Coros, guitarras, actitud y una banda que sabe perfectamente cómo convertir la campiña francesa llena de gente en un ejército preparado para cantar. Su directo fue pura energía comunicativa, con el público siguiendo las palmas y las llamadas de Sebastian “Seeb” Levermann. Grave nos devolvió al death metal. Aquí no había maquillaje, solo riffs secos, voces cavernosas y ese sonido old school que parece haber sido enterrado durante décadas y desenterrado justo a tiempo para volver a golpearnos. Ola Lindgren y compañía demostraron que el death metal clásico no necesita adornos, basta con tocarlo con convicción.

 

Hollow Jan motocultor 2026
Hollow Jan

 

Orden Ogan motocultor 2026
Orden Ogan

 

Grave motocultor 2026
Grave

 

Turno para Leprous. La precisión matemática de sus composiciones, las melodías imposibles y la presencia de Einar Solberg hicieron que el concierto adquiriese otra dimensión. No era simplemente metal progresivo, era arquitectura musical. Cada instrumento parecía tener su propio espacio y, al mismo tiempo, formar parte de una construcción mucho mayor. Cuando el día ya empezaba a entrar en su fase final, Slift puso el universo patas arriba. Psicodelia, algo de garage con su actitud y sobre todo space rock, con riffs que parecen lanzarse al espacio exterior. Si el Motocultor era una expedición a las profundidades, Slift parecían haberse equivocado de dirección y haber salido disparados hacia las estrellas. De todas maneras, en este festival no existen las rutas equivocadas. En este punto del festival toca hacer una pequeña confesión. El cuerpo, después de tres días de calor, noches cortas, kilómetros acumulados y toneladas de decibelios, decidió que la expedición había llegado demasiado lejos en esta jornada, con muchas bandas todavía por salir a dar su concierto. Había que retirarse. Completamente exhausto y algo indispuesto, tocaba aceptar una de esas verdades que ningún festival quiere escuchar pero que todos terminamos aprendiendo; hasta los exploradores de las profundidades necesitan volver a la superficie.

Mientras el Motocultor continuaba rugiendo en la distancia, puse rumbo a la acampada. Como he dicho fue una retirada temprana, sí. Pero totalmente necesaria. Desde la tienda, con el festival todavía respirando al otro lado de la noche, se podía sentir que las criaturas seguían ahí abajo, esperando. Las guitarras llegaban amortiguadas desde los escenarios y el rumor lejano de miles de personas recordaba que la batalla continuaba sin mí. Guardar fuerzas y recuperar el cuerpo era lo único que me importaba. Todavía quedaba un último día y luego 1.600 kilómetros de coche para regresar al hogar.

 

Leprous motocultor 2026
Leprous

 

Slift motocultor 2026
Slift

 

Domingo

El domingo nos esperaba. El momento en el que uno comienza a contar los conciertos que quedan mientras intenta no pensar en que, unas horas después, todo habrá terminado. Comienza la batalla con Heavy//Hitter. Directos, pesados y contundentes, el café de la mañana a golpe de notas musicales. Después, Red Sun Atacama puso el desierto en medio de Bretaña.  Su desert rock parecía hecho para ese calor de agosto, con guitarras polvorientas, riffs secos y una música que parecía viajar desde otro paisaje completamente distinto. Entonces llegó Fit for an Autopsy. Deathcore con conciencia ambiental, sonido gigantesco y una capacidad brutal para convertir el escenario en una trituradora.

 

HeavyHitter motocultor 2026
HeavyHitter

 

Red Sun Atacama motocultor 2026
Red Sun Atacama

 

Fit for an Autopsy motocultor 2026
Fit for an Autopsy

 

El doble golpe con Signs of the Swarm llevó todavía más lejos la brutalidad. Aquí ya no había océano ficticio, había fosa de las Marianas. Blast beats, breakdowns y voces capaces de sonar como si alguien hubiera abierto una grieta directamente hacia el fondo del planeta. Tras ellos apareció una de las grandes sorpresas visuales del festival: Castle Rat. La fantasía heavy metal convertida en espectáculo. Vestuario medieval, estética de cuento oscuro, personajes y una banda que parece haber decidido que un concierto también puede ser una pequeña obra teatral. El Motocultor volvía a demostrar que no tiene miedo de ser extraño. Y todavía podía serlo más. Witch Club Satan. Tres mujeres. Black metal. Una estética ritual no apta para todos los públicos. Una presencia escénica que parecía una ceremonia pagana celebrada en mitad de un oscuro bosque, rodeados del aterrador halo de tres damas semidesnudas. Si el cangrejo gigante necesitaba aliados para conquistar la superficie, probablemente ellas habrían sido excelentes candidatas.

 

Signs of the Swarm motocultor 2026
Signs of the Swarm

 

Castle Rat motocultor 2026
Castle Rat

 

Witch Club Satan motocultor 2026
Witch Club Satan

 

Pero el último gran combate necesitaba rock’n’roll y lo tuvimos con Airbourne. Joel O’Keeffe salió dispuesto a demostrar que el rock de estadio todavía puede ser peligroso. La energía fue inmediata con el público saltando, cantando, todas las manos en alto y con mucha, mucha cerveza por todos lados. O’Keeffe siempre haciendo lo que parece imposible; terminar tocando entre el público, subiéndose sobre los hombros de un miembro de seguridad y rompiendo una lata de cerveza contra su propia cabeza. Aquello ya no era un concierto de unos críos tocando mientras Lemmy conduce un camión, asistimos a otra declaración de intenciones: ya son adultos con mucho trabajo a sus espaldas. Con Deafheaven tocaba una última inmersión en la oscuridad. Belleza y violencia mezcladas. Blackgaze, post-metal, shoegaze y una intensidad que parece no saber dónde termina la melodía y empieza el ruido. Finalmente, Arch Enemy. El último monstruo y la última batalla. Lauren Hart asumió el micrófono y demostró que podía enfrentarse a un repertorio con enorme peso histórico mientras Michael Amott y Joey Concepcion tejían las guitarras por encima de una base rítmica demoledora. El público respondió a cada llamada, con los cuernos arriba y la energía todavía intacta después de cuatro días.

 

Airbourne motocultor 2026
Airbourne

 

Deafheaven motocultor 2026
Deafheaven

 

Arch Enemy motocultor 2026
Arch Enemy

 

Cuando uno sale de un festival como Motocultor, resulta complicado resumirlo. Porque cuatro días de música y 110 bandas no caben en una lista. Tampoco caben en cuatro palabras como metal, Carhaix, agosto y calor. Es caminar bajo el sol mientras a lo lejos suena una guitarra. Es pasar de Primus a Amenra. De Lord of the Lost a Paradise Lost. De Alcest a Slaughter to Prevail. De Leprous a Grave. De Castle Rat a Airbourne. Es encontrarte con una banda que no conocías y descubrir que quizá acabas de encontrar uno de tus grupos favoritos. Es ver a miles de personas vestidas de negro bajo un cielo que, apenas unos días antes, había desaparecido detrás de la Luna. Es calor, polvo, cerveza fría y noches que terminan demasiado tarde. Y es, sobre todo, esa sensación de estar dentro de una historia. Una historia que este año tenía un protagonista muy concreto. Un monstruo de 110 cabezas, cuatro escenarios y miles de gargantas. Un monstruo que crece cada año, mezcla estilos imposibles y no entiende de fronteras. Que puede ser oscuro, épico, brutal, divertido, extraño o emocionante, y que, cuando finalmente termina, te deja mirando hacia atrás preguntándote cuándo demonios pasó todo tan rápido. El domingo por la noche, bajo las últimas luces del recinto, el cangrejo podía volver al océano.

Después de esta edición, ya sabemos una cosa: ante cualquier ser o criatura que intente tomar Motocultor, allí estaremos para plantarle cara. Ya conocemos nuestros particulares antagonistas del 2027, junto a varios de sus esbirros. ¿Os apetece acudir para ganar la batalla del próximo año?

motocultor 2027 cartel

 

Redactor: Alexis Montans

Fotógrafa: Cris Trespando

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