Pablo Canalís – “Liminal”

Liminal, el eterno retorno de Pablo Canalís

 

Sobre la base de los territorios ya explorados en sus dos trabajos anteriores, Pablo Canalís regresa con Liminal, otro torbellino alucinante de estilos, tímbricas, texturas e interacción armónica que sumerge brillantemente tu oído en culturas de otros tiempos y lugares que se van desvaneciendo reestructurados en formas futuristas. Un impresionante híbrido rebosante de ideas y direcciones divergentes, tan visionario que empapa nuestros oídos en sus misterios una y otra vez.

Al igual que en Night Chants, su predecesor, Liminal es un cuerpo de trabajo profundamente delicado y hermoso, definido por un cautivador sentido de la artesanía y la sofisticación. Sus viñetas musicales son orgullosamente humanas, vulnerables y directas, aprovechando algo desde lo más profundo de la conciencia humana sobre el impulso antropológico de entremezclar y reorganizar ese maravilloso puzzle del folklore global y llevarlo a una nueva dimensión.

pablo canalis liminal cover

El resultado no sólo es uno de los discos más sorprendentes y bellamente discretos que yo haya escuchado en algún tiempo, sino que esa sensibilidad liberada del autor, que se siente como si pusiera al corazón por encima de todo, ofrece una profunda sensación de esperanza sobre lo que el futuro podría deparar, enraizada en la alegría de hacer y descubrir y despojada de alardes de grandeza y pretensión. Y por encima de todo, y esto ya es marca registrada Canalís, destaca esa sensación de viaje, mochila al hombro, de ruta improvisada sin saber a ciencia cierta qué dirección escoger en la siguiente encrucijada. Desde esa perspectiva, Liminal es precisamente eso, el umbral de algo siempre nuevo y cambiante.

A Pablo Canalís ya lo conocéis todos, su filiación es amplia y variada. Es un artista en estado constante de refinamiento y desafío personal embarcado en un viaje laberíntico hacía una sonoridad de amplio rango, ahondando hábilmente en un profundo sentido de abstracción estructural, sin perder un sentido tangible de las fuentes en las que se inspira.

Dejó su impronta es los maravillosos Senogul, banda de un rock realmente progresivo y abierto y que en su segundo trabajo, Concierto de Evocación Sonora para Conjunto Instrumental, sembró algunas de las semillas que ahora recoge en su trayectoria en solitario. Pero puedes verlo también con los inclasificables Otus Scops, cuyo repertorio encajaría igualmente en un festival de rock como en el palco de la verbena de tu barrio.

Al igual que en Concierto de Evocación…, aquella obra maestra de Senogul, el asturiano sigue enfocado en los límites de la posibilidad sonora, conectando galerías y contextos musicales, y tan dedicado a los esfuerzos de colaboración (la lista de invitados en este disco es larga y luminosa) como en solitario, con los que genera un mundo inspirador e inmersivo de sonido, de textura sutil aunque desafiante y conscientemente humana, desplegando gestos hápticos y materiales incidentales que continuamente sintonizan tus sentidos.

pablo canalis

Una exploración creativa, expansiva y cambiante entre movimientos contundentes y atmosféricos que tanto se sumerge en lo hipnótico y extático como serpentea con líneas melódicas coloridas y juguetonas. 

Hay en este disco tonadas de folk celta progresivo y campestre que podrían remitir a unos Labanda acústicos (Lycosa Tarántula, La Condiosa). Exploraciones meditativas y cinemáticas brillantes en Noche de Walpurgis que comparte las fronteras de territorios similares explorados por Steve Roach o Antonio Zepeda. Ambientes meditativos primitivistas altamente descriptivos como Psychopompós, Caipora o Calul Dracului, humeantes y chamánicos, y entre ellos tiene cabida la cumbia mutante de Alma de Cardón. Y en Satori, otro ejemplo de ese ansia cinemática, se reconvierte la épica de un Elmer Bernstein en Los 7 Magníficos en una deliciosa postal japonesa con aires de western crepuscular, mientras que The Shining Star podría remitir en su intro a una version jocosa del Clapping Music de Steve Reich para después desbordarse hacía terrenos soul.

A lo largo de las 13 composiciones del álbum, es palpable ese dualismo que equilibra hábilmente el rigor creativo con la diversión. Mientras lo disfrutas, acudirán a tu mente viñetas espectrales de samurais errantes, bailes campestres a luz de la hoguera, teatros de marionetas, paseos bajo un luminoso sol caribeño y rituales mágicos. Todo ellos supeditado a un embriagador arsenal de sonoridades extraídas de todo tipo de instrumentos y un nivel técnico tanto en mezcla como masterización superlativos.

Liminal es todo eso y más, tan inmenso e inabarcable como la imaginación de sus  escuchantes. Un álbum estructuralmente complejo pero disfrazado de una elegante simplicidad y franqueza, que te sumerge profundamente en la mente de su compositor y deja una sensación de apariencia más planificada y concienzuda, mucho más variada y accesible también, en comparación con Night Chants.

Desdibujando los límites entre el tiempo y el espacio, Liminal teje un sentido poético de narrativa y encuentro a medida que avanza y  que empuja el trabajo hacia una resolución perfecta y elegante en Eleusis, a modo de grial perdido que, de alguna forma, lo recapitula todo en poco menos de 5 gloriosos minutos.

Entre la lista de colaboradores, que ya avanzábamos al principio, citemos al mismísimo Luis Delgado (para mí siempre el de Mecánica Popular), su compañero en Senogul Israel Sánchez, Rafael Yugueros, Nan Mercader y otra docena más de excelentes intérpretes.

Todo ello embalado lujosamente en un disco-libro con textos divulgativos escritos por el propio autor que relacionan arte, música y antropología. Unas preciosas ilustraciones de Sandra Santamarina, maquetación de otro ex-Senogul, Pedro Menchaca, y una portada de Darwin Anibal Ruiz Ruiz a modo de portal a un mundo onírico, convierten a Liminal en un objeto sonoro que debería tener lugar en tu colección y que casi de inmediato se convierte fácilmente en uno de mis discos favoritos del año.

Texto: Rafa Dorado