Iron Maiden: Los inicios de la bestia

No corrían buenos tiempos para el mundillo heavy en la Inglaterra de finales de los 70. El huracán y la estética punk arrasaba con todo y los sellos discográficos miraban con recelo cualquier proyecto cercano al rock duro.  A pesar de ello el joven y animoso bajista Steve Harris, amante de UFO, Deep Purple o Thin Lizzy alumbró una poderosa banda de metal que revolucionaría el status quo dominante: Iron Maiden. 

Con el genial Harris a los mandos y la salvaje figura de Paul Di Anno como frontman, los primerizos Maiden (nombre sacado de un objeto de tortura en la peli “El hombre de la máscara de hierro”) iniciaron su andadura a principios de los 80 con su álbum “Iron Maiden”, con un sonido crudo y poco trabajado donde destacaba la fiereza de un Di Anno más cercano al espíritu punk en temas frescos como “Prowler” y “Running Free”. Espectacular comienzo de un grupo que ya empezaba a liderar el nuevo british metal.

La inclusión de una extraña figura en las portadas del disco y singles llamado Eddie se convirtió en icono y seña característica de la Doncella de hierro de inmediato, mutando magistralmente con el paso de los años según la temática de los álbumes en soldado inglés, faraón o humanoide entre otras impactantes y geniales caracterizaciones que llevan con orgullo millones de fans de los británicos en sus camisetas. Precisamente gracias a la figura del mítico Eddie llegaron las primeras polémicas con los emergentes Maiden, ya que en dos de sus singles sacaban la figura de la controvertida Margaret Thatcher siendo apuñalada por la mascota o esperando con un fusil detrás de un callejón la aparición de un feliz Eddie abrazado a dos chicas.

A pesar del buen comienzo, el líder Harris no queda satisfecho con el sonido del primer CD en la producción y también afloran diferencias musicales con el guitarrista Stratton, siendo sustituido ya en el segundo trabajo “Killers” por Adrian Smith, íntimo amigo del otro guitarra Dave Murray y con el que pasaría a ser pieza clave en el sonido vibrante de las banda en su grandiosa trayectoria. Con un mejor sonido y el cambio de productor, el segundo álbum de la banda salió al mercado en 1981 siendo un paso adelante en el sonido del grupo con toques más rockeros y limpios, resaltando de nuevo la poderosa voz del juerguista y racial Paul que conjugaba a la perfección con los temas ideados por Steve Harris, siendo “Wrachtchild” o “Killers”los más alabados por su cada vez más amplio público.

Aunque su primera gira fue meses antes como teloneros de Kiss (tan exitosa que lograron oscurecer a la inmortal banda americana), la aparición de “Killers” les llevó a desembarcar en el mercado japonés con un exitoso tour del que nació “Maiden Japan”, primer directo de la banda con el que tuvieron su primer disco de oro y cuyo nombre es un guiño al “Made in Japan”de Deep Purple. El éxito y la fama no hizo más que incrementar la vida de excesos y fiesta de nuestro querido frontman Di Anno, el cual reincidente en problemas con la justicia y con evidente caos físico y mental acaba siendo expulsado de la banda en beneficio de un tal Bruce Dickinson. Como anécdota personal citaré que hace unos años tuve el honor de ver en un garito de la playa de Riazor en Coruña al gran Paul cantando el “Killers”en solitario, con la calva tatuada entera, cojo y apoyado en un bastón por un supuesto disparo en su gira americana:Di Anno rules!!

Promotional portrait of British heavy metal group, Iron Maiden, 1981: (L-R) Steve Harris, Clive Burr, Paul Di'Anno, Adrian Smith, and Dave Murray. (Photo by Robert Ellis/Hulton Archive/Getty Images)
Iron Maiden, 1981: Steve Harris, Clive Burr, Paul Di’Anno, Adrian Smith, and Dave Murray. (Foto: Robert Ellis)

El cambio por Dickinson marcó el futuro de la Doncella, ya que si Di Anno era más visceral y rudo, Bruce introduce el tecnicismo y su voz llega a cotas mucho más altas y espectaculares, consangrando a la banda como una de las grandes en su histórico “The Number Of The Beast” del año 1982. Con el lanzamiento de temas inmortales del calibre de “Run to the hills”, “Hallowed be the name” o el imperial himno “The Number Of The Beast”, Iron Maiden ascienden al número uno de los charts y se convierten en ídolos mundiales del nuevo heavy metal, arrasando incluso en los States a pesar de ser ignorado por los medios por sus devaneos con el Diablo en sus letras y con manifestaciones en su contra de asociaciones moralistas y reaccionarias. Bien es cierto que el disco tenía una serie de leyendas urbanas un tanto grotescas, como extraños sonidos que se escuchaban en la grabación, luces que se apagaban de repente e incluso un surrealista accidente de coche del productor de los Maiden contra un bus de monjas, siniestro que dicen conllevó una multa de… 666 libras esterlinas.

Mientras, las letras siempre épicas, oscuras y llenas de fuerza crecían junto a su indiscutible calidad musical y el grupo seguía moldeándose: El batería Clive Burr deja la banda y es sustituido por el sólido Nicko McBrain, cerrando la que es la formación clásica de Maiden con Dickinson, Harris y el dúo Murray-Smith. Con la banda asentada y en plena cresta de la ola aparecen dos de los mejores trabajos del grupo,”Piece Of Mind” (1983) y “Powerslave” (1984), plagados de canciones épicas y con tintes mitológicos imprescindibles para cualquier seguidor metalero como “Aces High” con el histórico discurso de Churchill a sus tropas antes de la invasión nazi, “The Trooper”,”Flight Of Icarus” o “Two Minutes To Midnight”. La excelsa voz de Dickinson encajaba como anillo al dedo con la sección rítmica del grupo y el fenómeno Maiden ya era indiscutible, sus giras abrumadoras y nadie discutía que eran la nueva referencia del rock duro mundial.

La coronación absoluta llegó de la mano de su esplendoroso “Live After Death”, doble directo surgido en 1985 y que es una esplendida muestra del extraordinario repertorio y poderío de la Bestia en directo, con una banda en pleno apogeo y el señor Harris dictando cátedra con sus emblemáticos golpes de bajo, amén del gran registro del polifacético Dickinson y sus cuerdas vocales (Bruce es además piloto comercial, comanda el avión que lleva al grupo de gira  y es un experto esgrimista).

Hasta aquí llega la considerada época dorada de la Doncella de Hierro, aunque sus jugueteos con el futuro en “Somewhere In Time” (1986) o el interesante “Seventh Son Of A Seventh Son” (1988) son buenos discos con bastantes temas brillantes y efectivos, cerrando la mítica etapa de los 80 y dando paso a  trabajos más irregulares, pero sin perder su mística y el éxito popular de un mito que ha vendido más de 100 millones de discos y ha tocado en cerca de 2000 conciertos sin tener nunca un gran apoyo mediático. Este verano tendremos el placer de verlos de nuevo en nuestras fronteras con sus actuaciones en el Rock Fest de Barcelona y el Resurrection Fest de Viveiro (Lugo), citas esperadísimas por los fieles seguidores de la magistral banda inglesa que revolucionó el Heavy metal.

Up the Irons, madafackas!!

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