László Hortobágyi – «The Amygdala Expedition»

«En la cara B, Pista # 2: » Sine Qua Non Mantra «, también se ha registrado un fenómeno poco común: el fenómeno» tulpa echo «, que debe interpretarse como una emanación del mantra reconstruido. La música de Amygdala no está en contra de la realidad, sólo es consciente de que la realidad a veces se desprende de las cosas y comienza a vivir una vida independiente. Y viceversa. En todo caso, es un hecho que en la cultura popular mutante contemporánea, un fluir más allá de la realidad o más bien basado en la cuasi-telepática comunicación de la música, es imaginado como una forma superior de comunicación (esto se llama ishin-denshin). La retroalimentación de la música a la conciencia de Moebius representa la ambigüedad polirrítmica y multidimensional de otro mundo precisamente porque es la única manera de hacer un cuasi-telepático tipo “el-Horto” diálogo con los extraterrestres que viven dentro de nosotros «. (László Hortobágyi, 2021).

Este es alguno de los pasmosos fragmentos con los que el musicólogo, indólogo, constructor de órganos, compositor y viajero húngaro nos presenta a sus 71 años, en la reedición de uno de sus primeros trabajos que data de 1989, “The Amygdala Expedition”, y que vino a salir hace unos pocos días por el sello discográfico “àMarxe”, sello que provendría de otro sello discográfico llamado Margen, de tierras gallegas, que a su vez provenía de una revista con el mismo nombre, Margen, uno de los magazines más importantes de la década de los 90 en adelante, en cuanto a vanguardia y progresivo se refieren, con una profusión encomiable de artículos, entrevistas y reseñas.

László formaría parte de esa generación de músicos que viajaron a la India en la década de los sesenta, al igual que Philip Glass, que lo haría un año antes que László, en 1966. Todo para encontrar la espiritualidad de un nuevo sonido que traer a Occidente, inspirarse, e influirse por el tono minimalista de los mantras hindúes y su energía vibratoria. László Hortobágyi, viajó al norte de la India en varias ocasiones desde 1967 donde aprendió a tocar instrumentos autóctonos como la tabla, el sitar, la rudra – vina y el surbahar, además de estudiar música tradicional en sus diferentes estadías.

Más adelante, en 1980, fundaría la sociedad musical, Gayan Uttejak Mandal, donde los miembros asociados se dedican al estudio de la música de la península arábiga y de la India, además de componer música contemporánea, con bases siempre situada en esos dos países, e interpretando música de esas dos culturas. En el año 1984, Hortobágyi, fundó los Archivos de Música Oriental, también hay que reconocer su faceta como escritor con varios textos musicológicos, y que es miembro del proyecto de investigación sobre música informática del Instituto de Musicología de la Academia de Ciencias de Hungría.

Por vez primera, se edita mundialmente en vinilo, esta grabación realizada en Budapest en el año 1989, por el músico húngaro, en una edición limitada de 250 copias, cortesía del sello discográfico “àMarxe”, con dos temas extras en modo descarga. Muy lejos de encontrarnos un disco de música hindú al uso, la extraña música del compositor húngaro, es una amalgama de sonoridades inquietantes y místicas con sonidos difícilmente reconocibles para el auditor occidental.

Para Hortobágyi, su música es una entidad que cobra vida propia, puesto que crea unos ecos que dice que no están creados por él, al escuchar su música podemos creer en su palabra, cantos litúrgicos, sonoridades tan perfectas que parecen confundirse con la electrónica más actual, en un disco, este, completamente avanzado para la época de los ochenta. Temas como “Akashaganga (Galaxy Of Karma-s)” busca la sonoridad cósmica del Ganges que cuando viene del espacio se le denomina Akasha Ganga. En “Bon Lam Khag (Way of Bon)”, canción esta influida por el budismo tibetano chamánico, se pueden escuchar diferentes tipos de voces, desde una voz original femenina hasta samples de monjes tibetanos regadas de efectos que excitan al trance.

“Covideus Ex Terra”, es una canción algo sobrecogedora que hará las delicias de cualquier seguidor de Dead Can Dance o de los británicos O Yuki Conjugate, flautas misteriosas de ecos lejanos, voces guturales que desaparecen en el brillo cavernario de un ramaje sonoro dan juego a un fondo sobre una voz que parece eterna entre campanillas umbrosas. No menos estremecedor suena la composición “Thesis of Tinctoris” que abre la cara -b, esta vez el sonido nos retrotrae a la Edad Media, y es que la canción está inspirada en Johannes Tinctoris, un teórico y compositor renacentista de la música, cuya mayor parte de su obra está desaparecida.

En “Sine Qua Non Mantra”, ya hemos traducido la experiencia extrasensorial del autor sobre la canción a prinicpios de este texto, en el siguiente tema, “Sitarvates Gat”, escucharemos una curiosa mezcla de bajos eléctricos, tablas hindúes, sitar y voces exóticas manipuladas en un indescifrable idioma panyabí, digno de una gente que parece estar poseída por dioses. “Fatanagma” es el último tema que cierra el disco, una canción de más de diez minutos, rezumante de profundidad religiosa, polirítmica, de otro mundo, en el que parece sincretizar una nueva religión que sólo la música nos puede mostrar. 

Esta es la singular expedición que László Hortobágyi nos propone a la amígdala, el lugar donde se forman y acumulan nuestras actividades emocionales.

Puedes escuchar este disco aquí

Sebensuí A. Sánchez

  • 9/10
    Nota - 9/10
9/10

Portada

Sebensuí A. Sánchez

Khaös de Mago, poeta palabrista, filósofo imberbe, melómano colector desde que tenía 10 años. Ya daba patadas antes de salir a la luz, le contaba su madre, cuando en casa se ponía el “The Dark Side of The Moon”.