FIB 2018 | Cuando apareció Liam todo el pescado estaba ya vendido (Crónica Domingo)

La última jornada de festival la iniciamos de la mano de los mexicanos Zoé. La banda de León Larregui suena a Vetusta Morla, aparecen en la MTV con cierta asiduidad y tienen una trayectoria de más de veinte años de carrera musical. Un directo bastante neutro, en donde el único momento interesante fue cuando el cantante se quejó del maltrato que la organización del festival le había brindado a “una de las mejores bandas de México” a la hora de asignarles un horario tan temprano. Tampoco dudó en quejarse en varias ocasiones de las molestias ocasionadas por el sol. Menudas vedettes….  Está claro que el FIB no es su lugar.

A continuación decidimos acercarnos hasta el escenario principal y comprobar como Hudson Taylor no están tan verdes como en su anterior visita a Benicàssim y como siguen despertando el mismo o mayor entusiasmo que antes entre la parroquia irlandesa que asiste al festival. Hay que recordar que dicha actuación se retrasó a las ocho de la tarde debido a los problemas logísticos de Shame, quienes fueron reubicados en el Escenario VISA a partir de las 02:30h.

Público irlandés en el FIB | Foto: FIB

Otra de las sorpresas agradables fueron King Khan & the Shrines. Arish Ahmad Khan, afincado en Berlin, es un músico muy peculiar. Nacido en Canadá pero de familia hindú, apuesta por una coctelera de sonidos que abarca estilos como el garage, el punk, el r&b e incluso el rock and roll más clásico. Una lástima el solape parcial con Madness. Precisamente el veterano grupo británico de ska empezó su actuación por todo lo alto, con One Step Beyond, poniendo patas arriba el Escenario Las Palmas, cuyo ambiente parecía más de verbena de pueblo que de un festival al uso. Sin duda, se trata de uno de los mejores conciertos del fin de semana, con Suggs a un gran nivel vocal, y con un setlist repleto de grandes éxitos como My Girl, Baggy Trousers, It Must Be Love, Our House, despidiéndose con Night Boat To Cairo.

Madness | Foto: FIB

A continuación llegaría el turno de una de las jóvenes bandas inglesas más interesantes del panorama musical: Wolf Alice. Si bien con su disco debut, titulado My Love Is Cool, ya nos llamaron la atención, con su último trabajo, Visions Of A Life, se han terminado de consolidar como una banda muy solvente dentro del circuito independiente de festivales. La dulce voz de Ellie Rowsell es capaz de transformarse de una canción para otra en una vertiginosa escalera de sensaciones, incluso durante la misma. Así, en una dulce balada rock titulada Don’t Delete The Kisses, ella es capaz de transmitir emociones encontradas en distintas fases, una cualidad que no está al alcance de cualquiera. Además, pudimos disfrutar de otros temas recientes de su discografía, como Beautifully Unconventional o Yuk Foo, pero sin obviar aquellos temas que los catapultaron al estrellato internacional: Giant Peach, Moaning Lisa Smile o Bros, entre otros.

Wolf Alice | Foto: Óscar L. Tejeda

Al filo de las once de la noche llegaría el turno de otra de las divas de corte pop – en esta ocasión de origen finlandés – que estaban presentes en el cartel de la presente edición. Alma y su hit Chasing Highs eran uno de los platos fuertes de la jornada dentro de la programación del South Beach. Pero antes de acabar su actuación nos fuimos al Escenario VISA porque estaba a punto de dar comienzo uno de los conciertos que más ganas tenía personalmente de ver: Parquet Courts.

El sonido de esta banda neoyorkina bebe de Pavement, The Clash o The Velvet Underground; con esta carta de presentación, difícilmente nos iban a defraudar. Grandes amantes del fútbol americano y especialmente del mito Tom Brady, estos chicos plantearon su concierto como una auténtica Superbowl, centrándose en gran medida en su repertorio más consolidado. Algunas composiciones dieron hasta para pogo nivel experto en las primeras filas, mientras que otras daban pie a mover el esqueleto en estilo libre y sin ataduras. Un buen ejemplo de esto último lo vivimos durante la interpretación de Wide Awake, single de su último álbum y que propició una excelente comunión entre músicos y público.

Pero el plato fuerte de la jornada, el nombre más destacado de la programación del domingo, era un viejo conocido del público benicense. Liam Gallagher regresaba al FIB apenas un año después de su última aparición y con status de cabeza de cartel. Más allá de las polémicas suscitadas por esta sorprendente contratación de un año para otro, el pequeño de los Gallagher está en un buen momento de forma. Su último trabajo en solitario ha cosechado un importante número de ventas, lo que le ha hecho subir en caché y status en cada una de sus actuaciones en festivales. Fruto de ello, en esta ocasión, el rol otorgado por la organización del FIB fue el de headliner.

Liam Gallagher | Foto: FIB

El setlist, a diferencia del año pasado, estuvo marcado por la discografía de Oasis. Desde el mismo momento que empezó a sonar por megafonía  “I Am the Resurrection” de The Stone Roses, en la previa del concierto, hasta que dio comienzo una especie de intro hollywoodiense en las pantallas del escenario en forma de primer plano acompañando a Liam desde su camerino hasta el propio escenario, daba buena muestras de cuáles eran sus intenciones aquella noche: reafirmarse como una verdadera estrella del rock y lanzar el enésimo guiño a un posible regreso de Oasis.

Si bien el arranque del show fue prácticamente clavado al del año pasado, con la infalible dupla formada por Rock N´Roll Star y Morning Glory, seguido de un puñado de temas de su disco en solitario, en la segunda parte del concierto no se anduvo con titubeos. Some Might Say y Slide Away primero, y Whatever, Supersonic y Cigarettes & Alcohol después, nos terminaron de convencer de que su prematuro regreso al FIB había sido todo un acierto. Pero si el éxtasis colectivo en la turba brit ya había alcanzado grandes cotas de entusiasmo, con lanzamiento de un pescado de nombre Noel al escenario incluido, con el consiguiente cabreo de Liam, para el final se reservó Wonderwall y Live Forever. Abrazos anónimos, coros al unísono. Himnos. Sin palabras.

A altas horas de la madrugada destacamos dos actuaciones; una nacional y otra internacional. Los madrileños The Parrots, en la carpa del FIB Club, contaron con varias sorpresas, como la colaboración de Lois Brea, vocalista de Trajano, en el tramo final de su concierto, así como de Los Javis, personajes televisivos muy de moda gracias a su participación en OT como profesores y que desde hace tiempo forman parte de la familia malasañera. En un concierto de esta joven banda es difícil contenerse, la diversión está asegurada, por lo que no dudamos en gritar a pleno pulmón cada uno de los versos de su excelente cover de Soy Peor, de Bad Bunny, así como otros himnos garageros patrios, como No Me Gustas, Te Quiero o I Did Something Wrong.

Acto seguido, unos ingleses malencarados y con cara de haberse escapado de algún reformatorio del sur de Londres se subieron al Escenario VISA. Shame han sacado al mercado uno de los mejores discos en lo que va de año, y tras su caótica e inolvidable visita a Madrid hace unos meses, el listón estaba demasiado alto. Sin embargo, los imprevistos, con cambio de horario y escenario, no resultaron ser impedimento alguno como para exhibir toda la rabia punk que atesoran, una actitud que magistralmente representa su líder, Charlie Steen. Un show de tintes afines a Sex Pistols, Joy Division, The Jam, incluso The Stone Roses. Como anécdota curiosa, en las primeras filas de dicho concierto nos encontramos con varios miembros de Wolf Alice, capitaneados por Ellie Rowsell. La magia del FIB…

Justice | Foto: FIB

Y como colofón final, la electrónica truchón de Justice batiendo el récord de decibelios del fin de semana en el Escenario Las Palmas. La verdad es que cumplieron a la perfección su cometido, pese a que no son santos de nuestra devoción y estábamos más pendientes de que llegase el gran momento de la noche: el vals. Una tradición FIBER que año tras año cumplimos a rajatabla y que como no podía ser de otra forma cuenta con ilustres adeptos, como Guillermo Giménez, que se arrancó a bailar y posteriormente a sacarse una gran foto grupal con el resto de participantes.

Larga vida al FIB. Ojalá en 2019 celebremos un 25º aniversario a la altura de su historia.

Texto: @Bricepinkfloyd

Foto de portada: Óscar L. Tejeda

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