Shame (Sala Boite, Madrid)

Martes 15 de mayo, 22:00h

Organiza: Mercury Wheels

 

Resulta curioso comprobar como más allá de los festejos populares, gratuitos y con olor a cuñadismo que a esa misma hora habían sido programados en la Plaza Mayor de Madrid, el pasado martes, en plena festividad de San Isidro, todavía hay gente que prefiere apostar por una propuesta musical más atractiva, menos masiva y pagar casi 20€ para ver a una joven banda británica como Shame, compuesta por unos integrantes que parecen salidos de La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick, y con un gran disco debut, titulado “Songs of Praise”.

Pero se trataba de la primera vez de Shame en Madrid. Y todo el misticismo y encanto que rodea a “la primera vez” aplicado a una banda tan imprevisible en sus directos como esta parecía un motivo lo suficientemente justificado como para perder un par de horas de nuestra ajetreada vida social para presenciar el concierto de estos muchachos. 

Como aperitivo, nos encontramos a los australianos RVG y la espectacular voz de su vocalista, Romy Vager. A pesar de que su setlist fue muy breve, dejaron su sello particular: sonido crudo de guitarras, sin artificios o aditivos, canciones que nos retrotraen a la escena rock británica de principios de los ochenta y una voz tan personal como quebrada que le daba un toque punk al directo.

A las 11 de la noche llegaría el turno de Shame. Con una interesante mezcla entre el público de jovenzuelos con ganas de pogo y una importante presencia de pollaviejas del rock, algunos de los cuales pertenecían al propio séquito de la banda, el inicio del concierto prometía un fuerte tobogán de sensaciones. Cuando empezaron a sonar los primeros acordes de “Dust On Trial” procedentes de la guitarra de Eddie Green, parecía evidente que aquella noche todos los allí presentes íbamos a sudar, una sensación que lejos de disiparse, se reforzaba cuando el líder de la banda, Charlie Steen, presentaba su oposición a convertirse en una especie de Mark E. Smith del siglo XXI, interpretando uno de sus temas más célebres, “Concrete”. Tampoco faltaron los guiños en forma de ataques epilépticos, como si aquello fuese un concierto de Joy Division y su vocalista Ian Curtis entraba en trance.

Tras “One Rizla” y “The Lick”, en la madrileña discoteca Boite, con una decoración más propia de establecimiento de vida nocturna alegre, donde predominaba el color rojo pasión, el ambiente ya se había convertido en una especie de pub mancuniano a escasos minutos del Oso Madroño. No se necesitaba más de un par de acordes de guitarra o un grito de su frontman, para que estallase el público que se agolpaba en las primeras filas. 

Shame

“Tasteless” y “Friction”, que fueron mucho más digeribles y cercanas a lo que entendemos como rock alternativo, especialmente en el segundo tema, en donde incluso se vislumbraban guiños al Sonido Madchester de bandas como Happy Mondays, dieron paso a una canción inédita, todavía no editada por la banda y cuyo carismático vocalista se encargó de presentar con mucho esmero. 

En el tramo final del concierto llegarían temas como la introspectiva “Angie”, la afilada “Lampoon”, que bebe claramente del punk de los sesentas, y “Gold Hole” en cuyo inicio nos recuerda al tema “Cocaine” de FIDLAR y en donde Steen, sin camiseta y presumiendo de calzones, definitivamente decidió desgañitarse hasta el fondo. Cierto es que todavía hubo tiempo de disfrutar en el encore de otro corte de su álbum debut, titulado “Donk”, repetitivo y caótico, pero que en aquellas circunstancias nos pareció que era el broche final perfecto para una actuación que superó los 50 minutos de sudor, pogos y actitud. 

Texto: @Bricepinkfloyd

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