Los Planetas – “Zona Temporalmente Autónoma”

Es probable que el nuevo disco que Los Planetas haya sido el lanzamiento más esperado en eso que llamamos indie español en el último lustro y, en consecuencia, ya estamos escuchando a los aduladores decir que los de Granada ha vuelto a reinventarse y a revolucionar la escena, mientras que los haters los tachan de la banda más sobrevalorada de la historia, etc. Pues ni una cosa ni la otra. Los Planetas no han inventado nada en este disco y se repiten bastante, pero eso no quita para que sea un álbum con algún tema muy bueno y varios salvables. El problema de ‘Zona temporalmente autónoma’ es que se hace largo, muy largo. Con algo menos de relleno hubiera ganado enteros. Jota y compañía nos calentaron la espera con el doble single de ‘Espíritu olímpico’ y ‘Voy a por tabaco’ (la cara B, que se queda fuera del LP, era mejor) y, después, con la inmensa ‘Islamabad’.

Es la propia ‘Islamabad’ la que abre el disco, una canción difícil de abarcar por su duración de 7 minutos y sin duda una de las propuestas más arriesgadas y acertadas de Los Planetas en la última década. Toda la crítica celebra que hayan arriesgado con su guiño a Yung Beef, pero en realidad eso es lo de menos.

Qué pena que el buen inicio del disco quede rápidamente aguado por ‘Una cruz a cuestas’, un tema plano y aburrido al que Soleá Morente le da el toque flamenco, solo que en esta ocasión el mestizaje no da nada de sí, parece un pastiche malo que no viene a cuento. En la misma línea el siguiente corte, ‘Soleá’. Más flamenco insulso. Tampoco mejora la cosa con ‘Seguiriya de los 107 faunos’, clásica balada de la banda que no aporta nada. El álbum se hace pesadísimo en esta parte, debido probablemente a la monotonía de las guitarras y las voces.

Menos mal que pronto llega ‘Hierro y níquel’, el corte más brillante y bonito del disco, muy bien estructurado tanto en versos como en música. Pero qué pena la siguiente, ‘Porque me lo digas tú’, en la que una letra estúpida e infantil que podrían firmar los Hombres G arruina lo que hubiera sido un gran tema. “Puedes irte con Fernando, puedes ir con José Luis, te puedes ir con Mario”. ¿En serio?

‘Zona temporalmente autónoma’ es una sucesión de altibajos. En ‘Libertad para el solitario’ volvemos a disfrutar con unas guitarras muy chulas y un tempo más entretenido, para luego llegar al bajón de ‘La gitana’, un peñazo de canción larguísima, insoportable y de relleno absoluto. Después está ‘Ijtihad’, en la que Los Planetas sí que innovan con riffs que suenan a Temples y, por ende, a los Beatles. Notable.

‘Espíritu olímpico’ ya la conocíamos y no hay mucho que decir. Flojita y popera, un ‘Alegrías del incendio’ más pastelero. La canción que da título al LP está algo mejor, gracias en parte a los arreglos de hammond que siempre han resultado efectivos en las canciones de los granadinos. ‘Amanecer’ vuelve a llevar el disco a un plano muy interesante, se trata de una gran balada que va cobrando fuerza y no resulta pesada como otras. Y vuelven a sorprender en ‘Hay una estrella’, un tema acústico, lo que supone casi una rareza en la discografía de la banda.

‘Guitarra roja’ pone fin a la historia con casi diez minutos de psicodelia. ¿Hacía falta que fuera tan larga? Seguramente no. Así que, a modo de resumen, la mitad de los temas muy bien y la otra mitad muy mal. Deberían haberse planteado publicar algo más corto y de más consistencia. Pero tampoco es un mal disco. Saquen sus propias conclusiones.

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