Blonde Redhead & Bartlett (Joy Eslava, Madrid)

Organiza: Miles Away

Lugar: Madrid

Domingo, 26 de Febrero 2017 – 20:30 horas

Bartlett, proyecto de un veterano músico de Barcelona, José Bernabé, miembro de bandas como Experiment Zero o Love Affair, fue el encargado de abrir el telón de la sala Joy Eslava del domingo, dueño de un estilo propio que aunque recordase a las voces románticas de Iván Ferreiro o a la de Billy Corgan de Smashing Pumpkins, supo demostrar la autenticidad de un músico que rinde pleitesía a la época donde el indie, el grunge y el noise pop se fundían hermanadamente en aquella lejana ya década de los 90. Canciones invernales de climas amorosos adversos en los que Bartlett confesaba estar tan cansado e incluso se preguntaba “¿Qué tal si desapareces y vuelves al frío polar?” o ¿No has pensado nunca en despertar?. Bartlett se hizo acompañar de un músico con un hermoso y pequeño piano de color blanco y de sonido sintetizado, llamado Bob Moog, nombre abreviado de Robert Moog, el inventor del primer sintetizador, mientras tanto José Bartlett se agitaba con su guitarra negra, terminando su pasión golpeando su instrumento contra el suelo para despedirse. Bartlett presentó su primer larga duración “El Rayo y La Distancia”.

Y al fin la banda ítalo-japonesa establecida en Estados Unidos que hace tantos años que no tocaban en Madrid, antes de salir le pusieron champagne a Kazu Makino más ya iba servida cuando salió a escena vestida con un peto y unas botas de forma de calcetín japonés (Tabi) para dos dedos, acompañada Makino de los gemelos Pace y produciéndome escalofríos con un rock desconcertante y misterioso fruto de su tan amado no-wave neoyorquino donde estudiaban arte y donde tomaron el nombre de una canción de DNA. La canción era “Falling Man” de su disco ‘Misery Is a Butterfly’, el batería se quedaba golpeando la baqueta con el andamiaje de la percusión y sonaba como el ‘Bela Lugosi’s Dead’ , la batería con cortinilla mágica de Simone N. Pace que también manejaba una tableta de samplers corales y percutivos, y la guitarra de Amedeo F. Pace con su enorme cadena al cuello y sus camisas sempiternas de botones con aspecto de pintores italianos descamisados, cambiando de guitarras de alambres eléctricos a otras guitarras más pacíficas, y tocando además la batería con una maraca, se entiende ahora que el batería de Sonic Youth produjera su primer disco. En las partes rápidas se quedaban quietos y en las lentas bailaban.

En la canción ‘Bipolar’ la primera parte del cerebro de esta canción fue instrumental, con el Mellotron Chamberlin (antecesor del mellotron) M4000D Mini de Makino tocando sin parar. En una de las guitarras de Kazu venían unas frases escritas que no pude descifrar. Canciones como ‘Elephant Woman’ o ‘No More Honey’ donde la dulce y discreta voz de Kazu hacía juegos vocales con ecos que te dejaban traspuesto llenando todo el espacio. Samplers de voces paradisíacas y ritmos ligeros brasileños se mezclaban en algunos cortes, que habían sido estrenados hace unos días, dijeron, en su nuevo e.p. ‘3’oclock’, voces discretas y melodramáticas. En la caja donde guardan sus bártulos se podía ver el logotipo de una tenista con 4 piernas, portada de su séptimo l.p. “23” editado por la 4AD.

Tras varias canciones algo más lentas que las primeras como ‘Doll Is Mine’ o ‘Dr. Strangeluv’, se utilizaron posteriormente baquetas de gong, samplers con sonidos cristalinos y cortinillas creando esa atmósfera de taciturna parsimonia. Guitarras con cierto desconcierto, sonidos a arpa y maravilla. La Luz que utilizaban (una de ellas) era como la que se puede ver en algunos de sus videos en directo, muy oscura, como de interrogatorio. Y era ahora el momento de balancearse como un péndulo al ritmo hímnico de ‘Dripping’.

En ‘Spring and By Summer Fall’, ya terminó Amedeo por los suelos con su guitarra. Un tema inédito ‘Give Give’ de regalo en los bises, con la que tuvieron un fallo y se rieron y Kazu para disimular hizo un pase de bailarina, canción esta que sumaron a ‘Pink Love’ con luces estroboscópicas, y los bailes de Makino que parecía una serpiente que se iba a desmayar donde se soltó el pelo y movía la cabeza al ritmo de la percusión, para terminar finalmente con la apoteósica y en versión extralarga ‘Equus’, canción que hace referencia a una obra de teatro de 1973 sobre un psiquiatra que intenta curar a un adolescente que está obsesionado con los caballos de manera sexual y hasta devota, y de la que también se rodó una película sobre el libro en 1977 con Richard Burton, bueno, volviendo a la canción, el público que es muy intuitivo, ya sabía que estaban bajando las escaleras del backstage para volver al escenario, antes de que salieran, esto sí que es química religiosa ante una banda que llevaba muchos años sin tocar Madrid, relato éste que contó Kazu por el hecho de que no los habían vuelto a llamar y haciendo todo el público un irónico pero afectado noooooooooooooo, muy jocoso el público también se le oyó gritar un Bellisimiiiii…por la procedencia de los gemelos. En ‘Equus’ canción ultrapegadiza que combina los chillidos del estribillo con la dulzura del resto y su sarcástico estribillo“Allow me to show you!!! The way which I adore you!!!”, se fue alargando con ecos y guitarras disonantes bajo luces azules y negras que podían extenderse toda la noche ,dando un empujón Kazu a Amedeos para terminar ya, el público se rió con el empellón amistoso, terminando el público con una ovación enfervorizada y Kazu Makino saludando humildemente al público, también al de los palcos, dándole la mano y devolviendo la cerveza que le daban que aunque no quería la recogía por cortesía. La Vita Violenta, como dicen ellos, es más dulce con Blonde Redhead.

Sebensuí A. Sánchez

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