Crystal Fighters + El Guincho (Palacio de los Deportes, Madrid)

Domingo 11 de diciembre 2016

Palacio de Deportes, Madrid

Hora: 21:30 horas

Probablemente no había mejor telonero para Crystal Fighters que el canario El Guincho, con una coherente mezcla de estilos caribeños a la par que modernos y electrónicos, han hecho que sorprendentemente haya triunfado por el globo haciendo un estilo cálido y propio que ofrece las delicias por su exotismo en países foráneos. Así estaba El Guincho acompañado de varios músicos que seguían su puesta de escena con teclados, percusiones electrónicas y sintetizadores haciendo un total de 3 voces sobre el escenario más el guitarra todos colocados en hilera a la misma altura cantando canciones como “Ghetto Fácil” en un sinte que decía Yo! con pedazos rotos de esparadrapo para todas las chicas de oro con labios de oro que estaban en primera fila.

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El Guincho | Foto: Ana Sánchez

El concierto de Crystal Fighters con una megalítica introducción con dos músicos tocando el instrumento vasco llamado txalaparta, el abuelo vasco de una de las dos vocalistas femeninas Laure Stockley había escrito en estado de demencia senil una ópera musical inacabada llamada Crystal Fighters y ahí empezó todo. Tras la asombrosa introducción de los txalaparteros con una mesa cada uno donde iban pasando y cruzándose el uno al otro a una velocidad vertiginosa levantando la ovación del público compenetrado a sus ritmos.

Djembé, tamboril, ukelele, cencerros y una batería con velas y con el logotipo del diamante, era sólo alguna parte del enorme tinglado que tenían montado sobre el escenario, primero se oyó unas voces como de chamán de alguna tribu sudamericana explicando la vida, y hablando de naturaleza y espermatozoides sobre el universo. El concierto propiamente dicho empezó con un grito tarzánico del vocalista que dijo no saber nada de español y que portaba una preciosa guitarra en forma de lira como si fuera Orfeo, y así empezó la tremenda “Follow” con un Palacio de Los Deportes saltando en peso, y Sebastian Pringle con un manojo de conchas, una campana, un turbante y un sombrero de califa cual apóstol de la diversión.

Crystal Fighters | Foto: Ana Sánchez
Crystal Fighters | Foto: Ana Sánchez

Tocaron canciones radiantes y optimistas como “Yellow Sun” con bailarinas sonrientes en trajes populares entre ruso y gitano. Pringle sin camisa sin parar de botar y el escenario decorado con plantas hasta en los teclados, el resto del grupo de blanco inmaculado, otra canción interpretada fue “L.A. Calling”, un batería de brazos tatuados sustituía a Andrea Marongiu fallecido repentinamente en el 2014. Hubo cañones con confeti, balones de playa que inundaron la sala, sonó “All Night” de su último disco con sus coros de folk pop blanco Eya oh eya oh, eya oh ella, samplers de sirena enloquecida, y un cartel enorme que parecía dibujado mediante una visión de ayahuasca de unos 8 metros presidía la sala con una mujer embarazada rodeada de felinos salvajes.

Sonó “Ways I Can’t Tell” una canción de amor y magia blanca: Me and you, it might be magic, When we reach that new understanding / I see fireworks, and celebrations/ Ceremonies, initiation.

Ukelele en mano nos animó a cantar en español en una canción que decía caminar en belleza / caminar en paz. El recinto del palacio era una pelota vibrante. Hicieron que todo el público levantase las manos y que las agitase. Ellos eran familia, nosotros éramos su familia, así que todo quedaba en casa. La música por momentos semejaba al soul pop de Florence + The Machine. Ahora  sonaba esa canción que crea un vínculo místico entre los seres humanos en busca de un camino de amor eterno que es “Bridge Of Bones”.

Crystal Fighters | Foto: Ana Sánchez
Crystal Fighters | Foto: Ana Sánchez

Los principios de los temas de pop tribal a lo Kate Bush, Eddy Grant o Mory Kanté, se perdían entre el derroche de luz y color con luces que provenían del techo azules y naranjas, otras del suelo más las que estaban colocadas sobre el escenario a media altura de pie, verdes y violetas.

Gente besándose y bailando, 3 cañones de confeti, balones de todos los colores y tamaños que luego la gente transportó a la calle que tenían el nombre del grupo, y los txalaparteros que volvieron a salir a escena para tocar alguno de los hits de la banda en una noche de color y luz y buenas vibraciones.

Sebensuí A. Sánchez

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