Mi primera vez… en el BBK Live

Aquel año teníamos ya planeado dar el gran salto. Íbamos a pasar de unas pequeñas pero coquetas citas de festivales nacionales y casi provincianos como eran el Sonorama y el Ebrovisión, a señores festivales internacionales. Teníamos ya experiencia yendo a festivales pequeños y sabíamos lo suficiente de cómo sobrevivir en un camping como para embarcarnos en algo más grande. Lo teníamos decidido y llevábamos ahorrando ya un tiempo, porque sabíamos que los precios de los bonos para festivales de alta gama no son algo anecdótico. Suerte que el Bilbao BBK Live confirmara pronto a Muse, eso nos ahorró unos cuantos euros. Fue confirmarse el nombre del primer cabeza del festival bilbaíno y comprar nuestros bonos con camping. Además, siendo del norte, era casi obligatorio que el primer festival de gran calibre al que acudiéramos fuera el Bilbao BBK Live.

 

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Si hay que ponerle alguna pega al festival son las fechas. Yo tengo la mala suerte de que en mi universidad los exámenes de segunda convocatoria se alargan mucho, demasiado. Tanto se alargan que si el festival empezaba un jueves, yo tenía examen el viernes. Y encima de la asignatura más difícil del curso. Pero, afortunadamente, tantas horas estudiando electrónica con la playlist del BBK dio sus frutos y aprobé a la primera.

El problema ahora era otro. Íbamos a llegar el mismo jueves, y el camping abría el miércoles. ¿Qué implica eso? Que nos tocaría acampar en el extremo más alejado del Kobetamendi, y eso sería una auténtica lata. Además era nuestro primer año y no queríamos jugárnosla a que nos saliera algo mal. Por supuesto, mirar precios de hoteles a esas alturas – hablo de mediados de junio – es de locos. Hacía ya varios meses que las habitaciones de hotel en Bilbao se cotizaban a precio de oro. Algunas incluso quintuplicaban su precio de base tranquilamente.

 

 

Pero en el BBK piensan en todo, y pudimos reservar con pocos días de antelación una plaza en el servicio de Glamping que se instalaba dentro del propio camping del festival. Había una opción barata y una cara. La cara era una especie de bongaloo para majarajás en la que incluso había buffet y servicio de hotel. Demasiado para un par de chavales estudiantes. Optamos por la opción barata, que no era ni más ni menos que una tienda de campaña ya instalada cerca de la entrada del camping y con  recinto propio, de modo que tenía seguridad adicional. Debo de decir que es una opción bastante recomendable si llegas el jueves y no quieres acampar bien lejos.

Llegamos en autobús a la ciudad y rápidamente, ayudados por unos amables padres de familia bilbaínos, encontramos el lugar desde el que salían los autobuses para el recinto. Cualquiera podría pensar que en un evento de grandes dimensiones y con tanta afluencia de gente, las colas serían horrorosas, pero nada más lejos de la realidad. No hicimos ni diez minutos de cola y tras unos veinte minutos de trayecto algo apretado debido a que todos los pasajeros llevábamos unos cuantos bártulos, llegamos al camping. Entramos sin problemas y llegamos a la zona de Glamping, donde nos pusieron una pulsera para identificarnos y no dejar pasar a los que eran de fuera.

El camping está en la cima del Kobetamendi y se ven tiendas de campaña hasta donde te alcanza la vista. Además está bien provisto de todo. Hay un Eroski muy bien surtido en la entrada del festival. Ahí es donde realizarás las compras de víveres de cualquier tipo para sobrevivir al festival si eres demasiado vago como para bajar a la ciudad. Los precios en realidad no son tan caros como podría suponerse y está bastante bien abastecido. Y además estaba abierto a cualquier hora. El camping también tiene diferentes puntos donde descansar o tomarte algo, como el ya mítico autobús de Desperados, desde el que ponen música. Además dicho autobús está justo enfrente de las duchas del festival. Las duchas están en una especie de casetas habilitadas especialmente. Cada caseta tiene su propio calentador de agua, pero es tal el flujo de gente que va a ducharse que si no tienes la suerte de ir en un horario poco concurrido, te tocará ducharte con agua tibia tirando a fría. Y eso en Bilbao, en esas fechas, donde es probable que el calor no sea especialmente agobiante, no es algo particularmente divertido. De cualquier manera, las duchas están bastante limpias y no va a ser ningún drama asearse en el BBK.

 

 

Dejamos las cosas en la tienda y bajamos rápidamente para no perdernos ni un momento de los conciertos. Nos montamos en el autobús que baja del camping al recinto y en unos diez minutos nos dejaron en un punto que estaba como a cinco minutos andando del recinto. Ahí sí que tuvimos que comernos algo de cola, quizás veinte minutos, porque todo el mundo estaba recogiendo sus pulseras y era difícil que toda esa masa de gente fuera fluida, pero mereció la pena porque estuvimos hablando con unos británicos que nos dijeron que habían firmado la petición aquella para que Kanye West no fuera cabeza del Glastonbury.

Fue gracioso conocer a unos tipos tan indignados con la inclusión del rapero en el Glastonbury como ellos. Se pasaron toda la cola contándonos que el Glastonbury era un festival de rock y que les había dolido mucho ver a Kanye West actuando ahí. De hecho incluso nos enseñaron fotos suyas con las famosas banderas que se ondearon en el concierto del artista norteamericano con fotogramas de Kim Kardashian en su famoso sex tape. La verdad es que algunos de ellos iban ya con la mandíbula colgando y ni siquiera había empezado el festival, pero había una pareja que parecían bastante majos y eran los más true rockers. Incluso nos invitaron a cenar en uno de los puestos del recinto ese mismo día y en el concierto de Muse (grupo por el que habían venido al BBK Live) estuvieron cerca nuestro dándolo todo y dejándose la voz.

Había bastante gente fuera bebiendo, tónica habitual durante todo el festival. Hay un número importante de personas que van a ese festival por la fiesta y matan el tiempo hasta que llega la noche y la electrónica o los cabezas más masificadores fuera bebiendo. Ya encaramos la entrada al festival, con las pancartas que lo anuncian. Qué guay la sensación de estar entrando a un festival, y más si es por primera vez. Dos escenarios realmente enormes, una carpa bastante grande, puestos de comida aquí y allá, una gran zona de merchandising… y un stand de Pringles donde las regalaban de cuya existencia nos enteramos el último día, pero que aprovechamos bien. Realmente no recuerdo los botes de Pringles Paprika que pudimos comernos ese día, esperando a Muse en un buen sitio mientras veíamos a Kodaline o a Of Monsters and Men.

 

 

Pero según llegamos iba a tocar Future Islands. Ese año se habían consagrado con su hit Seasons, y eso se notaba en la cantidad de gente que estaba viéndoles. Ver a Samuel T. Herring en un escenario siempre es algo digno de recordar por esos bailes que se marca, pero verle siendo el primer artista que ves en el BBK Live es todavía mejor. Bailaba como un loco y se dejaba la voz en el escenario en unos gritos casi guturales que arrancaban todavía más gritos entre un entregado público. De verdad que creo que nunca he visto a un artista sudar más en un escenario que a Herring, y no es para menos, porque entre bailar una especie de polka y recorrerse el escenario corriendo y escenografiando sus canciones tenía que acabar agotado el pobre. Tras él dimos una rápida vuelta por los puestos de merchandising y volvimos a los conciertos, permitiéndonos una ligera pausa para cenar en unos de esos míticos puestos de comida que hay en todos los festivales.

 

 

No fue hasta Mumford and Sons donde tuvimos consciencia de haber llegado a un festival de gran renombre, de los que queríamos, de cabezas gigantes. Nos colocamos cercanos a una de las vallas que cortan transversalmente la zona del público, para no tener demasiada gente delante – mi chica es bajita -. Además ponerse en primeras filas es algo casi imposible y desagradable en ocasiones, demasiado entregado y demasiado intoxicado que empuja y molesta. Se nos hizo larga la corta espera hasta que los británicos aparecieron en el escenario, pero fue algo maravilloso cuando las primeras notas empezaron a sonar. El sonido, la gente, la sensación de estar ahí, ser parte de toda esa gente gritando con una sola voz… y cada vez que tocaban uno de sus grandes temas, el público estallaba en una estruendosa amalgama de voces que los coreaban. Reconozco que yo no soy demasiado fan de Mumford and Sons, pero el directo tan brutal que se marcaron y la propia inercia de estar por primera vez en ese festival me empujaron a cantar todas las canciones como la más acérrima de las fans.

El resto de días transcurrieron tranquilamente, con mención especial a la visita a Bilbao. Es un pecado no bajar a la ciudad a tomar algo, visitarla y ver el Guggenheim. Se comenta que los artistas suelen ir por las mañanas al museo bilbaíno, pero nosotros no tuvimos la suerte de ver a ninguno. Además con lo rápido que van los autobuses no es ningún drama, porque a no ser que planees todo muy mal, no te pierdes ningún concierto. Nosotros nos bajamos del autobús en San Mamés y estuvimos dando vueltas por la ciudad hasta que llegamos al Guggenheim. Ahí vimos una exposición de un artista cuyo nombre no recuerdo que la verdad que me pareció más extraña e insulsa que otra cosa. Pero también había una exposición de Basquiat que estuvo bastante guay para echar un par de horas u hora y media viéndola. Incluso aprendí cosas. Por lo demás, compramos algo de comer en un supermercado de por ahí, la opción más barata, y nos lo comimos en el paseo que hay a orillas de la ría de Nervión, de donde de cada farola colgaba el cartel con el nombre de unos de los artistas de la presente edición. Tuvimos suerte y el tiempo nos acompañó, sobre todo ese día, que se estaba genial en la calle incluso en pantalón corto. Además la gente es agradable y la ciudad bonita.

 

 

El cierre del festival fueron Muse. Y qué cierre. Estábamos exactamente en el mismo lugar donde vimos a Mumford and Sons y matamos el tiempo hablando con unos tipos de unos cuarenta años que parecía que se habían recorrido el mundo de concierto en concierto, porque habían visto a Muse ya ocho veces y a Arcade Fire seis. Según se acercaba la hora nos comía el gusanillo por saber cómo sería el concierto. Solo habíamos oído buenas palabras, pero ahora íbamos a experimentarlo nosotros. Y ya nunca se me olvidará la imagen de Matt Bellamy saliendo al escenario guitarra en mano, justo después del monólogo de introducción del sargento de Psycho, con un riff diabólico que hizo a todo el mundo saltar bajo una suave lluvia. Cinematográfico. Era tal el despliegue de luces y efectos que desplegaron que no sabía ni a dónde mirar. Era tal la potencia del directo y el poder de las frases de guitarra de Bellamy que era imposible no saltar. Era tanta la gente que te rodeaba, todos saltando al unísono, que si no saltabas te aplastaban. El concierto fue un frenesí de principio a fin, en ningún momento estuvieron mis dos pies en el suelo al mismo tiempo. Probablemente el mejor concierto en el que he estado en mi vida. Y después de la tormenta viene la calma. Muse se retira y prácticamente ha acabado nuestro BBK Live. Estamos un rato más por el recinto, dando vueltas y viendo quién está en la carpa, pero finalmente nos retiramos, agotados, al camping.

 

 

El día que te vas da pena. Es una especie de éxodo. Todo el mundo con su equipaje marchándose. Y todos con cara de cansados y de pena. Me apostaría una mano a que la gran parte de la gente que se marcha del BBK, yo entre ellos, solo pensamos en volver al año que viene mientras el autobús nos baja por las sinuosas carreteras del monte rumbo a Bilbao.

La gente, el ambiente, el clima, los grupos, el sonido, el emplazamiento, la organización… todo invita a volver al festival bilbaíno. De hecho, me compré el bono de este año en cuanto salieron a la venta. Una decisión más que acertada viendo el nivel del cartel de este año, para mi gusto superior al del año pasado. El BBK Live es un festival obligado para todos los melómanos de la península – e incluso de fuera – y desde luego una de las mejores opciones donde invertir tu dinero: diversión, espectáculo y música de nivel asegurados.

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