Hasta que el éxito (o la muerte) nos separe – Volumen I

A lo largo de la historia de la música popular urbana hemos presenciado como muchas de las mejores bandas del momento se han separado, como han sufrido bajas de miembros muy importantes de la formación para iniciar su carrera en solitario o incluso como el fallecimiento de alguno de sus componentes ha supuesto la disolución de la misma. Desde míticas bandas del pop y rock de los sesenta y setenta como The Beatles, Pink Floyd, Led Zeppelin o The Kinks hasta otros casos más recientes como los de Guns N Roses o The Smiths han visto como algunos de sus rostros más visibles han abandonado el grupo o incluso éste ha desaparecido justo en el momento de mayor popularidad.

El caso de The Beatles es quizás uno de los ejemplos más paradigmáticos. Con apenas una década de existencia, una de las bandas que más ha influido en la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI se disolvía tras varios años de disputas internas y celos entre sus componentes, especialmente entre sus dos líderes, John Lennon y Paul McCartney, y sobre los que recaía la mayor cantidad de peso en el apartado compositivo de la banda. Si bien estas tiranteces internas se habían ido sorteando gracias a la mediación del manager del grupo, Brian Epstein, tras el fallecimiento de este la situación se hizo insoportable al mismo tiempo que cada miembro comenzaba a centrarse en sus proyectos en solitario. El papel de Epstein como representante de la banda nunca sería reemplazado. Sería el propio McCartney quién decidiría tomar las riendas como representante y a partir de entonces los problemas se multiplicaron.

Oficialmente, la separación de The Beatles llegó un 10 de abril de 1970, cuando Paul McCartney anunció su salida de la banda ante los medios de comunicación, sin embargo, el cuarteto de Liverpool estaba prácticamente acabado desde hacía algo más de un año. A partir de entonces los cuatro escarabajos siguieron al pie del cañón construyendo su propia carrera discográfica, con John Lennon y George Harrison como aquellos que mejor supieron aprovechar esta nueva etapa componiendo y publicando trabajos de gran nivel.

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Otro caso muy peculiar ha sido el de Pink Floyd. Con obras como The Dark Side Of The Moon, Wish You Were Here o The Wall, el cuarteto de Cambridge llegaron a ser junto a Led Zeppelin la banda de rock más importante del momento. Si bien los roces entre Gilmour y Waters ya se habían iniciado incluso antes de salir al mercado el disco Animals, sería durante el proceso de grabación de The Wall (1979) cuando las diferencias se acrecentarían entre ambos músicos.

El álbum con tintes más políticos y autobiográficos de Pink Floyd se lo debemos a Roger Waters. La idea de The Wall era la idea de Waters. Según el teclista Rick Wright, el resto de componentes de la banda nunca hubiesen accedido a grabar el disco si hubiesen tenido otra opción. Pero había muchas deudas e impuestos que pagar. Irónicamente, Wright, que había abandonado el grupo por desavenencias con Waters durante la grabación del disco, y que participaba en los shows de la gira como músico a sueldo, fue el único que sacó beneficio económico de una gira cargada de pérdidas.

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El punto de fricción total se produciría durante la grabación de The Final Cut (1983). Las diferencias personales y artísticas entre Waters y Gilmour habían crecido demasiado. En 1984 ambos estaban enfrascados en pleno tour mundial de presentación de sus trabajos en solitario pero con escaso éxito comercial. El propio Gilmour declararía lo siguiente: “He hecho este disco y este tour para ver si era posible para mi continuar sin Pink Floyd.” La respuesta a esta pregunta por todos los fans acérrimos del grupo es más que conocida. Roger decidió entonces que la forma más simple de terminar con el conflicto interno era dejar el grupo oficialmente como ya lo había hecho de manera no oficial unos meses antes, pensando que el resto de miembros del grupo harían lo mismo y se pondría punto y final a Pink Floyd, iniciando cada miembro sus respectivas carreras en solitario. Pero no fue así. Tras una agria disputa legal, Gilmour y Mason, se quedaron con los derechos de la banda y comenzarían a preparar lo que sería el siguiente álbum de la banda ya sin Waters en la formación. Se iniciaba así pues una nueva etapa de unos Pink Floyd que ya nunca más alcanzarían las cotas de éxito y brillantez que lo habían hecho en la década de los setenta.

Oficialmente el final de Pink Floyd se produjo hace poco más de año y medio, después de salir al mercado el último trabajo de la banda titulado The Endless River (2014), cuando el propio David Gilmour anunció en una entrevista que la banda ya era historia y que no volvería a grabar bajo el sello de la mítica banda de Cambridge. No obstante, para muchos fans, entre los que me incluyo, el auténtico punto y final al legado de Pink Floyd se produjo hace más de tres décadas, cuando Roger Waters abandonó la formación, siendo los últimos trabajos publicados bajo el sello Pink Floyd una carrera en solitario enmascarada del propio Gilmour.

La última vez que hemos podido ver en directo a Gilmour, Waters, Mason y Wright encima de un escenario ha sido, gracias a la mediación de Bob Geldof, en el concierto benéfico Live8 que tuvo lugar en Hyde Park de Londres en Julio de 2005.

El espíritu de otra gran banda de rock de la década de los setenta sufrió también un final prematuro pero esta vez debido al fallecimiento de uno de sus miembros. Led Zeppelin, la banda que inventó el hard rock, tuvo momentos de gloria con discos impresionantes, sin embargo, tras la muerte de su carismático batería John Bonham nada volvió a ser lo mismo. El guitarrista Jimmy Page lo explicaba de esta forma: “No éramos un grupo tipo empresa sino que era todo más emocional que otra cosa. No íbamos a encontrar a otro batería como él y tampoco queríamos encontrar a alguien para hacerle interpretar un personaje. No habría sido honesto”.

Led Zeppelin 1969 Bath Festival (John Paul Jones, Robert Plant, John Bonham, Jimmy Page) (Photo by Chris Walter/WireImage)

Al tener firmado un contrato que los obligaba a sacar un nuevo álbum, y ante la negativa de grabar nuevas canciones sin Bonham, se optó por buscar material inédito hasta entonces que conformó Coda (1982), disco que presenta canciones que se descartaron en la realización de discos anteriores y alguna toma en directo de canciones ya grabadas. Durante los años posteriores, Robert Plant, Jimmy Page y John Paul Jones siguieron publicando material en solitario hasta que en 1984, Page y Plant volvieron a unirse y decidieron formar una superbanda llamada The Honeydrippers junto a artistas de la talla de Jeff Beck y Paul Shaffer. Su tema más conocido titulado “Sea of Love” alcanzaría el tercer puesto en las listas norteamericanas y realizaron una gira, donde tocaron en el Saturday Night Live, sin embargo, pocos meses después de eso Page decidió tomar otros rumbos, por lo que la banda se disolvió.

A pesar de que los tres miembros que sobreviven de la formación clásica de Led Zeppelin se han reunido puntualmente para actuar en eventos de carácter benéfico, como el Live Aid de 1985, la última vez que los hemos podido ver encima de un escenario fue el 10 de diciembre de 2007 en el O2 Arena de Londres, cuando realizaron un concierto de algo más de 2h de duración con el reemplazo de Jason Bonham, hijo del fallecido John Bonham, en la batería.

Continuará …

Brais Iglesias Castro @Bricepinkloyd

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