Don´t Look Back, Baez


The cavalries charged, 
the Indians fell
.
The cavalries charged,
 
the Indians died
.
Oh, the country was young
 
with God on its side.

Diciembre de 1963. Una de las promesas folk del panorama musical hace su aparición junto a un joven llamado Bob Dylan. Algunos ya sospechan quién es. Equipado con su guitarra bajo el brazo y la harmónica colgada del cuello se dirige a la plaza donde el público espera ansioso a la dulce y siempre reivindicativa Joan Baez. Los tiempos están cambiando. Una generación atrevida, marcada por la época e inigualable en la historia de todo el S. XX hace acto de presencia ante un auditorio que clama por los derechos civiles. Frente a la amenaza de una guerra nuclear, ante un Luther King que iba ganando la batalla hacia la igualdad y con una sociedad adormecida que por primera vez despertaba del letargo, las dos personalidades más influyentes de la década al fin se conocían. Llegó el espectáculo.

La primera vez que Dylan vio a Baez fue por televisión, no pudo despegar los ojos de la pantalla. Como él mismo diría en 2004 su voz alejaba los malos espíritus, conectaba directamente con Dios. Dylan ya no olvidaría a la joven reina del folk. Por entonces, él ya estaba con Suze Rotolo. La joven influyó notablemente en la producción de temas políticos y tópicos del cantante. En Enero de 1962 los dos se mudaron al apartamento de Rotolo en West 4th Street. Los padres de la joven, pertenecientes al Partido Comunista de los EEUU, influyeron a Rotolo e inevitablemente, este ambiente de izquierda marcaría la producción y el pensamiento de Dylan. El álbum ‘Freewheelin’’ tiene mucho de ella. Paralelamente a su relación con Suze, Dylan ya se había encontrado brevemente en 1961 con Joan Baez. El concierto tuvo lugar en el Gerde’s Folk City de Nueva York pero no sería hasta más tarde, con dos conciertos en el café Yana, cuando el encuentro entre ambos diera sus frutos más allá de un tímido saludo.

El héroe contracultural, como algunos ya llamaban a Bob Dylan, tuvo la oportunidad de cantar junto a Baez en el Monterey Folk Festival de 1963. Consciente del talento del todavía nonato rey del folk, Joan Baez se lo llevó a su terreno, decidió que el éxito del todavía desconocido Zimmerman era también parte de su responsabilidad. Y así fue como los temas se sucedieron, las voces vibraron al unísono y la magia producida por la simbiosis de dos genios se hizo realidad. With God on our side marcó el principio de una relación legendaria que continuaría musicalmente hablando meses después. En Julio se esperaba la aparición en el Newport Folk Festival de ambos. Dos duetos en el escenario hicieron saltar de nuevo las alarmas de Suze Rotolo. Los asistentes también notaban la química innegable entre los dos músicos y los rumores comenzaron a extenderse. Fue aquí donde Bob Dylan encontraría el punto de inflexión necesario para despegar en su carrera; el Newport Folk Festival marcaría su despegue, pero también la futura ruptura con Suze Rotolo. El álbum ‘Freewheelin’’ consiguió la popularidad que merecía y Bob Dylan no tuvo que esperar mucho tiempo para convertirse en el icono cultural de la década.

“Clara como el aire de otoño, una soprano de grandes vibraciones, […]

Recuerda los blues cantados por mujeres de color,

Los tristes cantos de los gitanos que pedían exorcizar el pensamiento de la muerte.”

En 1962 y con apenas 21 años Time dedicaba estas palabras a la jovencísima Baez. La revista más demandada entonces se hacía eco de una chiquilla que estaba llamando, cuanto menos, la atención. La izaron como una bandera, era la nueva voz del folk. La heroína de las causas justas cantaba para hacerse escuchar. Y lo consiguió. En el Newport Festival de 59 y ante un auditorio de 13.000 personas se convirtió rápidamente en la estrella del folk revival. Un año más tarde publicaría su primer álbum, titulado ‘Joan Baez’, donde se incluían The house of the rising sun al estilo del bluesman Huddle Ledbetter, Wildwood flower, una canción sobre los Apalaches, o el espiritual negro All my trials. Este primer disco ya mostraba los tintes puristas de  la cantante, donde defendía que las verdaderas canciones de folk eran las de autor anónimo. No obstante, su labor reivindicativa la implicaba también en torno a temas que apoyaban los derechos civiles de la población negra o la lucha por el desarme. La relación con Bob Dylan logró suavizar a Joan, quien empezó entonces a incluir canciones en su repertorio como Don’t think twice it’s allright. El año 1963 marcaría un punto de inflexión para ambos: Dylan se convertiría en una estrella internacional al tiempo que comenzarían una relación sentimental que trascendía más allá de los escenarios.

El rey y la reina del folk habían llegado para quedarse. Sus apariciones conjuntas se hicieron habituales, pero trabajar con el excéntrico Dylan no era nada sencillo: “Yo me ocupaba de saber de qué humor iba a estar Bob. Cuando estaba alegre y animado, era simplemente espectacular. Si estaba deprimido, no había forma de llegar a él.” Baez lo intentaba, y de alguna forma, ese constante tesón por comprender al genio le pasaría factura. Era sencillamente imposible saber lo que pensaba o el por qué de determinada actitud. La absoluta devoción que sentía hacia Bob Dylan suavizaba sus repentinos cambios de humor, pero saber a ciencia cierta si iba a mirar al público o hacer una canción a ritmo de 2/4 era completamente imposible. Y ahí residía su magnetismo.

Las giras juntos se sucedieron al mismo tiempo que Joan Baez veía como sus expectativas se hundían. Mientras Bob se divertía con amigos y músicos en las habitaciones de los hoteles, Baez se caracterizaba por su apatía al tiempo que esperaba su momento a solas con Dylan encerrada en la habitación contigua. Estaban en puntos diferentes, y  Joan, al igual que siempre creyó que el héroe de la generación tomaría partido en lo político, también buscaba una luz verde en su relación con él. Pero la leyenda del momento quiso seguir su camino, esta vez a solas. En 1965 cambió todo. Baez supuso que al invitar a Dylan al escenario, él la invitaría de igual forma al suyo. Sin embargo, esa no era su intención, Bob Dylan estaba preparado para tener todo el escenario para él sólo. La relación musical y sentimental de ambos, que duraba ya 2 años, se enfrío hasta tal punto que no sería hasta 1975 cuando sus caminos se volverían a unir. Hasta entonces, Baez, decepcionada por el rumbo que estaba tomando la carrera de Dylan, se separa definitivamente del cantante, el cual le dedicó una polémica canción: Most likely you go your way and I’ll go mine.

“Me puse a componer este tema, esta historia, este gran vómito de palabras,  y de él saqué Like a Rolling Stone.

Nunca había compuesto nada así.”

De repente Bob Dylan comprendió lo que debía hacer. ¿Quién quería escribir novelas u obras de teatro cuando la poesía manaba libre y pura a través de esta composición? De esas 20 páginas de inspiración surgió la revolucionaria Like a Rolling Stone. Era la canción que buscaba, lo que la gente necesitaba. En la radio nunca se había oído un tema así, Like a Rolling Stone abrió nuevos caminos nunca antes explorados. Bob Dylan revolucionó el panorama de entonces, pero aún cabría en él otro giro inesperado que rompería con una parte de lo que había sido.

A partir de 1965 comenzó a introducir la parte eléctrica que estaba de moda. Adaptándose a los continuos cambios que imperaban en el terreno musical, Bob Dylan subió al escenario a cantar Maggie’s farm. Había cogido el viejo tema Penny’s farm y lo estaba convirtiendo en algo interesante, pero la esencia folk, la conexión con el público, se había perdido. No era posible compartir la misma clase de intimidad con todos los instrumentos eléctricos que había incorporado al escenario. Los abucheos y silbidos fueron acrecentándose mientras un indiferente Dylan luchaba contra el ruido de la disconformidad. El nivel subía con la batería, pero el público pedía a gritos que el Bob Dylan de antes regresara al escenario. “¿Estás con nosotros?” le gritaban desde abajo. Detrás del escenario, se amontonaba la vieja guardia: Pete Seeger, Theodore Bikel, los viejos izquierdistas y las facciones de la canción protesta. Sólo se les escuchaba decir: “esto es música pop, no es folk.” Enfadados, incluso Peete Seeger tuvo que ser contenido al intentar cortar los cables eléctricos durante el concierto mientras Theodore Bikel tranquilizaba a todos: “Esto es lo que los jóvenes quieren. Tenemos que ir con el cambio. Esto es lo que pasa ahora.” Y así ocurría. El rock and roll acaparaba ahora los éxitos de ventas. Incluso Joan Baez miraba los nuevos tiempos con expresión de horror, se preguntaba hasta dónde llegaría la depravación que entonces conquistaba al público.

Bob Dylan prefería andar sin mirar atrás, Baez caminaba, al contrario, en la cuerda floja. El estallido repentino de otros géneros musicales y el violento freno a las canciones protesta hicieron inevitable el estancamiento de la carrera de la reina del folk. Es en Italia, en 1967, donde decide grabar su álbum ‘Live’ para Ricordi. La gran popularidad de la cantante en Italia y el cariño del público tras su concierto interpretando la Ballata de Sacco e Vanzetti animaron a Joan Baez a continuar. La férrea influencia de Dylan todavía se dejaba notar y es en 1968 cuando Baez tiene en mente un nuevo proyecto LP con canciones de Dylan.  ‘Any day now’ sería el mayor éxito comercial en la carrera de Joan Baez.  El disco fue capaz de volver a unir brevemente a los dos colosos que antaño animaron a miles de jóvenes con la canción protesta. En 1972 ‘Come from the shadows’ llegó con fuerza. Los tintes políticos del álbum unidos al talento de Joan Baez como autora e intérprete melódica confirmaron la renovación de la cantante. Dos temas constatan la valía del LP: Prision Trilogy, sobre la vida en las cárceles, y To Bobby, un claro mensaje a Bob Dylan que confirma la apasionada relación que tuvieron en el pasado y su separación en 1965. Diez años más tarde llegaría otro rotundo éxito de ventas que puso de nuevo en boca de todos la relación sentimental de ambos.

Well your burst on the scene

Already a legend.

The unwashed phenomenon,

The original vagabond.

You strayed into my arms

And there you stayed

temporarily lost at sea.

 

La desgarradora voz de Joan Baez traspasa cada palabra pronunciada, de manera que  la presencia de Dylan, la leyenda viviente, se siente en cada frase de Diamonds and Rust. En 1975 la canción más profunda, íntima y sincera de la cantante logró llegar a los puestos más altos en las listas de ventas. Como un fantasma que acecha siempre el momento de debilidad, así parece pintar Baez al vagabundo, al hacedor de milagros, al mito viviente llamado Bob Dylan. Esta vez sin nada que ocultar, el amor, la devoción y la infinita complicidad forman el triángulo de una relación rota destinada a ser eterna. Cuando en el otoño de ese mismo año se inicia la gira Rolling Thunder Revue encabezada por Dylan y seguida por una caravana de músicos, Joan Baez se une a la cantera de artistas por invitación de Bob. Es aquí donde, después de tantos años, los reyes del escenario descorrieron las cortinas para brindar al mundo la visión de algo inmutable. Cinco temas se sucedieron acorde a lo previsto, primero el set de Joan Baez, más tarde el de Dylan y el tema Never let me go como testigo de que aquello que ha unido la música difícilmente puede morir.

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Macarena Berjano

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