Jesús Arias: “Joe Strummer no sólo marcó una época musicalmente. Creó una actitud”

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Ilustración de Mikel Murillo

Entrevista a uno de los miembros de una de las bandas ochenteras más representativas del movimiento punk rock español. Hoy charlamos con Jesús Arias, ex guitarrista de T.N.T. y una de las personas que mejor conoció al mítico líder de The Clash, Joe Strummer, durante su estancia en Granada hace ya más de tres décadas.

Hermano mayor del líder de Lagartija Nick, y veterano periodista cultural, Jesús Arias actualmente forma parte del grupo Qüasar.

Eran los años ochenta y el punk rock en Granada tenía nombre propio: TNT. ¿Cómo recuerdas esta etapa?

Bueno, era un mundo muy controvertido, confuso, frustrante y salvaje. La política lo dominaba todo, pero la política era más de lo mismo. Yo entonces, en 1982, tenía 19 años y me di cuenta de que tantas promesas de democracia, libertad y demás, tan sólo habían dado paso de un Gobierno de la dictadura a otro Gobierno de la misma dictadura. Fue una intuición: de pronto tenías a cualquier político del régimen franquista que viajaba en coche oficial a otro político demócrata que viajaba en el mismo coche oficial. Fue una sensación agridulce. Todo por lo que habían luchado nuestros padres o nuestros abuelos se convertía, simplemente, en un cambio estético… La Policía, por ejemplo, cambió de uniformes, pero no de actitud. Recuerdo que el uniforme de la policía pasó del gris con gorra de plato al marrón con boina. La gente por la calle gritaba: “Grises, marrones, los mismos cabrones”… En realidad, para mí, entre el franquismo y la transición no ocurrió nada. El mundo seguía siendo el mismo… Y era un mundo que no me gustaba.

Aunque coexistieron con La Movida Madrileña, siempre os desmarcasteis de grupos presuntamente asociados a dicho género como Alaska y Los Pegamoides. No obstante, siempre confesasteis admiración por otra banda coetánea como Siniestro Total….

Esta pregunta está relacionada con la anterior respuesta… Cuando yo llegué a Madrid, y ya estaba en marcha la movida madrileña o la movida independiente, me encontré un poco con esa actitud “beatificante”… Y me explico… Yo era de Granada, hijo de un emigrante a Alemania, un emigrante que regresó a España con una bicicleta y la miniatura de un Volkswagen… Tanto mi padre como mi madre me inculcaron el respeto por la cultura, por la música, las artes, la curiosidad, la honestidad y la necesidad de cambiar las cosas socialmente si veías que eran injustas. Creo que mis padres eran punks sin saberlo. Cuando llegué a Madrid en 1982, encontré a un super-fan de TNT, que era Eduardo Benavente, el batería de Alaska y Los Pegamoides, y a su novia, Ana Curra, que era una chica entrañable, bellísima y excelente… Pero cuando conocí a Alaska personalmente, me sentí profundamente asqueado… Yo sabía que la movida madrileña tenía mucha fuerza en los medios de comunicación, pero cuando Alaska me dijo que su sueño era ir a Eurovisión, me quedé pasmado… Todos los medios de comunicación le estaban prestando mucha atención a la Movida Madrileña, y a la Reina de la Movida Madrileña, Alaska, lo único que le interesaba era ir a Eurovisión… Pensé: “Aquí hay algo muy raro”. Decidí desmarcarme de todo aquello. Yo no era hijo de un embajador. Mi padre era barbero de La Chana, en Granada. Yo me compraba los pantalones más baratos del mundo y, si se desgastaban, no podía tirarlos. Alaska compraba chaquetas rotas en Londres por pura estética.

¿La costumbre de etiquetar a cualquier grupo coetáneo de principios de los ochenta con la Movida os molestaba?

Particularmente, a mí sí. Recuerdo una vez que nos etiquetaron –siendo de Granada- como los pioneros del Rock Radikal Vasco… ¡Y sólo porque habíamos grabado la canción ‘Guernika’, que era una reflexión sobre el cuadro de Picasso! Tuve que responder a muchas preguntas en fanzines vascos que nos ponían como si fuésemos héroes o algo. Si alguien me preguntaba “¿Sóis terroristas?”, pues yo decía que sí,  que éramos terroristas culturales y cosas de ese tipo… Creo que hoy día sí que volvería a regresar a muchas de las respuestas que dí en aquel momento.

¿Cuáles eran vuestras principales influencias y referencias musicales? 

Sex Pistols, The Clash, Rolling Stones, Led Zeppelin, Mike Oldfield, Beethoven, Bach… Los poemas de Federico García Lorca, Miguel Hernández… No sé: todo nos influenciaba, todo nos engrandecía… Recuerdo que yo no dejaba de escuchar el disco “Exile on Main Street”, de los Rolling Stones, y “Never Mind the bollocks”, de Sex Pistols.

Una de las grandes estrellas del punk rock como fue Joe Strummer se refugió precisamente en Granada durante los últimos coletazos de la legendaria banda The Clash. ¿Qué fue lo que le cautivó en la ciudad granadina?

Federico García Lorca. Creo que había asistido a una representación de la obra “Yerma” en Londres y al día siguiente decidió buscar los restos de García Lorca en Granada. Eso fue lo que él me dijo: “He venido a buscar los restos de García Lorca en Granada”. Joe había llegado a Granada con una pequeña antología poética de Lorca en versión bilingüe que, desde muchos años antes, la conservaba. El día en que me enseñó el libro, ví el poema “Despedida”: “Si muero/ dejad el balcón abierto/ el niño come naranjas / desde mi balcón lo veo”… Ese poema, en inglés, se llama “Farewel” y, curiosamente, en la cultura inglesa, que es algo que me sorprendió mucho, no llama la atención “Poeta en Nueva York”, que para un hispano-hablante es un derroche de imágenes… Lo que a los británicos e irlandeses cautiva de Lorca, traducido al inglés, es “Poema del Cante Jondo” y “Romancero Gitano” (Gipsy Ballads)

Joe llegaría a componer una canción que trataba el tema de la guerra civil y el asesinato de Federico García Lorca. Se trata de uno de las composiciones más emblemáticas de la banda titulada como Spanish Bombs.

Para Joe, Lorca era la expresión del poeta asesinado. Su obsesión era encontrarlo… Muchos años después de la muerte de Joe Strummer, en algún documental, alguien dijo algo bastante interesante sobre Joe: “No hay dictadura sobre la que The Clash no hayan hecho una canción, no un dictador al que Strummer no haya mencionado”… Y es cierto… La gente considera “London Calling” como el mejor disco de rock de los ochenta. Yo me quedo con el excesivo “Sandinista!”. Joe me dijo que quería ser excesivo en todo: hacer un disco que fuesen tres discos, escribir letras que pudiesen ser casi un libro de poemas… En “Sandinista!”, Joe Strummer quiso ser excesivo… Una noche mencionó algo sobre Lorca. “Lorca wanted to write a poem book with more than 300 poems or so… I’d want to do that”… Ésa es la razón del disco Sandinista.

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La relación de Joe con España, sin embargo, viene de varios años antes. Cuando todavía no había fundado The Clash y vivía en Londres en una casa ocupada, convivió con un navarro y dos malagueñas. Una de ellas llegaría a ser su novia, de nombre Paloma Romero, pero “bautizada” como Palmolive. “Sensible, muy generoso y gran bebedor” Así definiste hace tiempo a Joe Strummer. ¿Cómo fue encontrarse con una estrella del rock y llegar a crear amistad?

Fue mi simple. Mi hermano Antonio Arias, entonces bajista de 091, me dijo una noche: Joe Strummer está en Granada. Los demás del grupo se lo encontraron anoche en el pub Silbar. Él apenas habla español y nosotros sabemos poco inglés. ¿Quieres venir? Yo le dije que por supuesto. Fui al Pub Silbar, en la calle Pedro Antonio de Alarcón, en Granada, y vi al fondo de la barra a un tipo con una chaqueta estilo leñador canadiense, una gorra, unas zapatillas de jugador de baloncesto… Estaba solo en un rincón, me acerqué a él y le dije en inglés: “Are you Joe Strummer?” y él me respondió en castellano: “Sí, hombre! ¿Qué quieres beber?”

¿Es verdad que llegaste a ejercer de profesor de español de Strummer?

Sí. Hicimos un pacto. Yo le daba a diario dos horas de castellano y él, en cambio, me respondía a todas mis preguntas que quisiera hacerle sobre The Clash. Durante años Joe conservó mis apuntes de castellano.

¿Que nos puedes contar acerca de la famosa anécdota relacionada con el tema “Should I stay or should I go”?

Respecto “Should I stay or should I go” es que Joe Strummer se sentía muy orgulloso de su forma de cantar en español la letra de la canción. Cuando le dije que nadie en España había entendido lo que él quería decir, se quedó asombrado… Le expliqué por qué, y él no quiso aceptarlo. Al parecer, la letra se la había traducido un chileno. Yo le dije que en España nadie entendía lo que quería decir… Y de pronto me soltó: “Pero en México sí ¿verdad?”

¿Es verdad que Strummer se topó con un músico callejero fan de The Clash y tuvo que convencerle cantando varias canciones, entre los que se encontraba el London Calling, para que se creyese que era el auténtico Joe Strummer?

Sí. Eso sucedió en el día en que Joe Strummer cumplía 40 años. Siempre solía celebrar sus cumpleaños bien en Granada o bien en San José, en Almería. Era el 21 de agosto de 1992. Joe había aparecido con su familia –Gaby, su mujer, y Jazzy y Lola, sus dos hijas- un par de días antes con un par de parejas de amigos ingleses. En aquel momento, gracias a una campaña publicitaria de unos vaqueros, la canción “Should I stay or should I go”, que había sido utilizada para unos anuncios, estaba subiendo como la espuma en Estados Unidos. Hacía diez años que los verdaderos The Clash no existían, pero ahora esa canción sonaba en todas las emisoras de radio y en todas las televisiones… Sin embargo, no sé por qué, Strummer estaba bastante deprimido… Bueno, solía ser su forma de ser: creo que el éxito le dejaba siempre una amargura interior. Él, en cierto modo, sentía que, por su origen, no podía representar a los fans que creían en su música… Alguna vez me dijo: “Hey, tío, hay mucha gente de tu edad (yo tenía 11 años menos que él) que vive del ‘Dole’ (el cheque para los jóvenes ingleses en paro) y que se gasta su dinero en comprar mis discos. Hay multinacionales que se nutren de ello… Al final me di cuenta de que las multinacionales también se nutrían de nosotros. Pero nos daban cosas deslumbrantes: cheques, coches, conciertos en grandes estadios”… Estábamos hablando sobre todo eso en el Hotel Los Ángeles, de Granada, cuando me dijo de pronto: “Soy una mierda, mi vida es una estafa, nunca he hecho lo correcto”… Yo le dije que todo aquello era una tontería, que sus canciones habían cambiado la mentalidad de mucha gente, que sus canciones me habían cambiado a mí. Que yo no me sentía para nada orgulloso de ser amigo del Joe Strummer rock-star, sino del Joe Strummer amigo. Él se relajó un poco y me dijo: “Thank you Jesus, you’re one of my best friends too”, y luego, ya más animado, y volviendo a jugar con las palabras, me dijo: “Thank you Jesus, thank you Lord”… (“Gracias, Jesús. Gracias, Señor”… de nuevo la broma sobre Jesucristo y mi nombre).

Unos meses antes, yo había conocido a un músico callejero, Fabrizzi, que tocaba el acordeón y que solía interpretar obras de Vivaldi, Mozart, Beethoven o Bach de una forma increíble. Tenía los ojos “desenfocados”, a lo Trueba: uno miraba para un sitio y el otro para otro. Me quedé como media hora escuchándolo tocar en la calle Zacatín de Granada, asombrado por su música, y luego me puse a hablar con él. Le dije: “Eres genial, tío… De todas esas obras que has interpretado, ¿cuál es tu compositor favorito, Tchaikovsky, Beethoven, Mozart?”. Y Fabrizzi me dijo: “No. The Clash. Ésa es mi banda favorita. The Clash”. Yo me eché a reír. Le dije: “¿Sabes? Pues el cantante de The Clash, Joe Strummer, suele venir mucho por Granada y es uno de mis mejores amigos”. Fabrizzi respondió: “Bah, no te creo, no me jodas”. Le insistí un buen rato y al final terminé acompañándole a una función de teatro en la que tenía que actuar como músico tocando el acordeón… Nos hicimos, en cierto modo, colegas desde aquel día…

El 21 de agosto, para el cumpleaños de Joe, alguien propuso ir a comer a mediodía al Campo del Príncipe, una plaza en Granada con algunos buenos restaurantes al aire libre… Joe todavía seguía un poco deprimido. Gaby me insistía en que lo animara. Creo que Joe Strummer acababa de entrar en la crisis de los cuarenta, cuando miras atrás y ves que ya tienes más vida a tu espalda que la que te queda por delante… Digamos que estaba bastante sensible…

Estábamos comiendo y, a lo lejos, de pronto, suena un acordeón. Me giro, y a unos cien metros, veo a Fabrizzi, que iba mesa por mesa para que le echasen unas monedas. Me levanto y le hago gestos para que se acerque adonde estamos nosotros… Fabrizzi me reconoce, me saluda de lejos, deja de tocar el acordeón y se viene. Cuando llega, le digo a Joe en inglés: “You won’t believe it, but this guy is one of the greatest fans of The Clash and one of the best musicians in the city”… Joe, sorprendido, me dice: “No, I can’t believe it”. Y a Fabrizzi le digo: “Fabrizzi, te presento a mi amigo Joe Strummer, el cantante de Los Clash, para que veas que lo que te conté era verdad”.

Fabrizzi se quedó como mosqueado mirando a Joe Strummer. Hasta que dijo: “No, este tío no es Joe Strummer”. Joe lo entendió y le dijo en español: “Sí, amigo, Me is Joe Strummer, Yo soy Joe Strummer”. Fabrizzi le replicó: “Tú no eres Joe Strummer, yo conozco a Joe Strummer por fotografías y reportajes y no te pareces nada a él”. Joe Strummer me pidió que tradujera. Cuando escuchó lo que decía, Joe dijo: “Sí, amigo, soy Joe Strummer”. Y así estuvieron los dos un rato: “Tú no eres Joe Strummer”… “¡Sí, soy Joe Strummer!”. Hasta que Fabrizzi dijo: “Si eres Joe Strummer, canta esto…”

Y se puso a tocar ‘Jimmy Jazz’ con su acordeón. Yo le dije a Joe: “He’s asking that if you’re Joe Strummer to sing with him”… Entonces Joe se levantó y comenzó a cantar la canción… Entre los dos se produjo rápidamente una conexión musical mientras la gente de las mesas de al lado se volvían para mirarlos y escucharlos. Al terminar la canción, Fabrizzi no parecía muy convencido y le dijo: “Ok. This another one”. Y se puso a tocar otra. Y Joe la cantó. Y luego tocó “London Calling” y Joe ya estaba desatado. Fabrizzi, desconcertado. Me miraba abrumado como diciéndome con la mirada: “¿De verdad que éste es Joe Strummer?”. Y yo asentí. Sí, era Joe Strummer. Entonces dejó de tocar el acordeón, se puso muy nervioso, le tendió la mano y le dijo en españo: “Es un placer conocerte en persona, Joe”…

Justo en ese momento, unas turistas inglesas que había unas cuantas mesas más allá, se acercaron a Fabrizzi y a Joe, les arrojaron unas monedas y les dijeron en inglés: “You sound like The Clash themselves! Great work! It’ s a surprise to hear someone singing those beautiful tunes!”. Y se marcharon pensando que eran dos músicos callejeros interpretando a The Clash… A Joe se le saltaban las lágrimas… “¿Cómo es posible que un músico callejero en Granada toque tan bien la música de The Clash?”, no cesaba de repetir… Luego me miró y me dijo en español:  “Jesús, éste es el mejor cumpleaños de mi vida”… Todos nos echamos a reír. Luego Joe y Fabrizzi estuvieron hablando un largo rato hasta que Fabrizzi, que seguía asombrado, se marchó mirando a Joe como si estuviese mirando a John Lennon o Mick Jagger.

Aparte de conocer a Joe, llegaste a tener relación con otro integrante de The Clash como Mick Jones así como con otras grandes artistas de la época, no?

Sí, conocí a Mick Jones en agosto de 2003. Vino a Granada para participar en el homenaje que las bandas granadinas querían tributarle a Joe por su cumpleaños, el 21 de agosto, aunque Joe ya había muerto… Estábamos muchos: Lapido, José Antonio García, los Lagartija Nick, con los que yo iba como invitado, Richard Dudanski, batería de The 101’ers, Tymon Dogg, el íntimo amigo de Joe, la viuda de Strummer, Lucille, el pintor Damien Hirst, Julián Hernández, de Siniestro Total, Jem Finer… Richard Dudanski era el encargado de organizar la actuación y yo le ayudaba. Habíamos decidido que fuese un concierto casi íntimo, con precios muy baratos, algo muy cercano… Mi primera propuesta fue que se celebrase en Víznar, en el Parque García Lorca, pero no conseguimos los permisos. Richard consiguió que fuese en el Centro de Estudios del Sacromonte, otro de los lugares favoritos de Joe… Richard, que tiene un montón de contactos, consiguió que mucha gente en Inglaterra se apuntase. Muchas de las grandes estrellas, como Bono, de U2, Elvis Costello y gente así se apuntasen, pero luego, como era verano y había giras y demás, no pudieron asistir.

El momento de encontrarme con Mick Jones fue mágico para mí…

¿Por qué motivos crees que se produjo la desintegración de una banda como The Clash?

Se produjo, en mi opinión, por un conflicto interno: el estrellato. The Clash era una banda que no pretendía convertirse en aquello que había estado criticando: las estrellas de rock… Cuando, de pronto, se vieron conduciendo Cadillacs en medio de Nueva York, hospedándose en lujosos hoteles y sin tener que preocuparse por sus cuentas bancarias, a Joe –insisto en que es mi opinión personal- le saltaron las alarmas, el remordimiento, la sensación de que no se estaba traicionando tanto a sí mismo, sino de que estaba traicionando a esa gente más joven que él que compraba sus discos y que creía en las letras de sus canciones… Por bastantes conversaciones que tuve con él, me di cuenta de que no se sentía feliz ganando mucho dinero. Strummer era un tipo que se subía a un escenario y gritaba “¡Odio y destrucción!” a los cuatro vientos celestiales, pero en cuanto se bajaba, era el primero en ayudar a una anciana a cruzar la calle. Cuando Joe vio que Mick Jones comenzaba a disfrutar de ese tipo de vida, de tomar un avión para plantarse en Nueva York, conocer a gente importante, comprar ropa cara o lo que le apeteciese, tuvo una especie de conflicto… Buscó la excusa de que Mick abusaba de los porros (cuando el mismo Joe no dejaba de fumar uno detrás de otro) para echar a Jones de The Clash… A partir de ahí, se sintió completamente perdido. Strummer era un tremendo letrista, pero no un músico, o no un compositor musical estrictamente hablando. Era zurdo y se había acostumbrado a componer muy lentamente como diestro. Le costaba mucho pasar de un acorde a otro con fluidez. Por eso, cuando él me proponía una canción, nunca quería aportar la música. El encargado debía ser yo. Él sí quería escribir las letras. Pero no la música. Y, en el momento en que se sintió sólo, The Clash se desintegró. Strummer tenía a Paul Simonon, pero los demás miembros para “Cut the Crap” no terminaron de convencerlo: eran tíos que admiraban a Joe por ser Joe Strummer, porque eso significaba ganar mucha pasta, ir de giras y todo los demás. Creo que fue el momento en que Joe se sintió absolutamente desolado…

Una de las anécdotas más graciosas de Joe en España fue cuando, acompañado por los integrantes de otra importante banda española de la época como Radio Futura, se presentaron en las oficinas de la discográfica en Madrid para renegociar las condiciones del contrato y allí se encontraron con una dama morena que sostenía un cigarrillo solicitando fuego. Joe sacaría al instante su mechero del bolsillo y le daría fuego. Ella seguiría su camino sin saber ni quién era Joe. Era Isabel Pantoja.

Fue una simple anécdota. Quién mejor podría contestar a esta pregunta es Santiago Auserón. Yo no estaba allí. Sé que Joe, en una de esas noches en que regresaba a Granada, me dijo entusiasmado: “I’ve met Paquirri’s widow!!!”. Mi hermano Antonio sí recuerda que Strummer estaba muy emocionado por aquello… Pero es que, según la visión que en ese momento el mundo inglés tenía de la cultura castellana, Isabel Pantoja parecía ser una tremenda cantaora flamenca… algo parecido, en nuestra percepción española, a que Justin Bieber es Mick Jagger… Si toda la gente ve todo el día en la tele a Justin Bieber y te lo encuentras en un aeropuerto, habrá gente que se quiera hacer fotos con él… Joe pecó de ingenuo con aquel encuentro… Él creía, en aquella época, en la que adoraba el flamenco, que la Pantoja era como Camarón de la Isla o Enrique Morente o alguien así…

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Recientemente el Ayuntamiento de Granada ha decidido homenajear al fallecido ex líder de The Clash con una plaza que lleva su nombre tras una iniciativa popular firmada por 2.000 ciudadanos. No se trata de un fenómeno aislado puesto que en otros países como en Serbia o Rumanía también existen calles o plazas con su nombre. Una persona tan poco dada a las nostalgias como Joe, ¿Cómo crees que le habría parecido este tipo de iniciativas?

No sabía que en Serbia o Rumanía le hubiesen dedicado calles a Joe… Yo creo que, al principio, él se habría reído mucho, y la cosa le habría parecido una broma… Luego, ya más lentamente, se habría emocionado… Sé que si, ahora mismo, estuviese en una plaza con su nombre, contemplando el graffiti que hizo de su rostro El Niño de las Pinturas, el más famoso graffitero granadino, se estaría hartando de llorar… Lo hizo cuando se encontró a Fabrizzi, el acordeonista callejero que tocaba canciones de The Clash… Pero eso es algo totalmente comprensible… Imagina que eres poeta, o músico, o pintor… Y estás en Kenia y oyes a un mendigo que pide por las calles recitar un poema tuyo en castellano, o a un pintor callejero que está copiando un cuadro tuyo o a un músico que está tocando tus canciones… Eso pone el vello de punta… Strummer era consciente de que eso puede suceder en los estadios, en los macro-conciertos de rock, en todos esos sitios. No en un rincón de un bar, no en una calle cualquiera de una ciudad cualquiera al sur de España… Yo recuerdo, cuando tocaba con mi banda de entonces, TNT, que un día fuimos a actuar al pueblo de Puertollano. Allí había un tipo que tenía una chaqueta de cuero con la insignia de TNT y con el nombre de todas nuestras canciones. Me quedé sorprendido y emocionado. ¿Cómo alguien, tan lejos, apreciaba nuestra música? Yo era joven y sonreí complacido. Luego, a solas, una vez que el mundo se te ha puesto cuesta arriba como se le puso a Joe Strummer, me habría emocionado…

Para terminar. En los últimos años artistas como Bruce Springsteen rinden tributo en muchos de sus conciertos tocando temas emblemáticos de los londinenses, como London Calling o Coma Girl. ¿Crees que se ha valorado en la profesión lo suficiente su legado?

Lo que a mí realmente me impresionó tras la muerte de Joe fue el hecho, como a mí mismo me pasó, de que todos pensábamos que Strummer iba a estar ahí siempre. Que se moriría de un cáncer de hígado a los ochenta años, de que yo, finalmente, iría a su casa de Somerset, de que tocaríamos las guitarras acústicas juntos para componer canciones. O, como mucho, que él moriría en un accidente de tráfico, o atropellado por un autobús si regresaba borracho a casa. Cuando empecé a ver los telediarios, y meses después los homenajes, me di cuenta de una cosa: que Strummer era la misma persona conmigo que con Bruce Springsteen, Steve Buscemi, Johnny Depp, Martin Scorsesse o con mi hermano, Antonio Arias. Exactamente la misma persona. O con el camarero que le servía un carajillo en el Albaicín. Varias personas que conocí en Granada después de su muerte –Mick Jones, Chryssie Hynde, Elvis Costello-, todas ellas me dijeron: “Si estoy en Granada, en Andalucía, es porque Joe siempre me insistía…’Debes conocer Granada… Es la ciudad más bonita del mundo’… No he conocido personalmente a Bruce Springsteen, pero hace unos pocos años, vino a tocar a Granada, a la Plaza de Toros, en un entorno que no se correspondía con todo lo que una producción de conciertos requeriría. Me imagino que se acordó de Joe. Igual que Willy de Ville, al que entrevisté por teléfono y quien, al final de la entrevista, cuando hablábamos de cosas banales, me dijo en inglés: “¿Sabes dónde puedo conseguir una botella de Ron Pálido Montero?”. Yo le respondí: “Eso sólo te lo ha podido decir una persona… Joe Strummer”. Y me respondió: “¡Of course, Joe Strummer!”… Sí… Joe no sólo marcó una época musicalmente… Creó una actitud… “Grita con toda la violencia cuando estés sobre el escenario, pero sé humilde una vez que bajas las escaleras”…

Entrevista realizada por Brais Iglesias Castro (@bricepinkfloyd) 

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